Los siete pecados del emprendimiento

Los siete pecados del emprendimiento

Por: Catalina Ortiz

Con buenas intenciones, pero a veces negando la evidencia y lo que hemos aprendido sobre emprendimiento en Colombia y el mundo, se adelantan intervenciones de política pública tanto a nivel nacional como a nivel local que no tienen en cuenta el camino recorrido.

Con la intención de cuestionar algunos de los paradigmas y creencias que a veces parecieran dogmas de fe, y a propósito de la creación de una ley de emprendimiento por parte del Gobierno Nacional, presento una lista no exhaustiva de siete “pecados” que se cometen con frecuencia y que pueden dinamizar el diálogo sobre el tema. 

  1. No te enfocarás en crear muchas empresas nuevas ¡Busca calidad y no cantidad!

La métrica con la que medimos el emprendimiento no puede ser cuántas empresas se crean. El desafío no es registrar una empresa con estatutos, representante legal y un capital suscrito y pagado en la Cámara de Comercio. Eso es relativamente fácil, engorroso de pronto. Y es que lo verdaderamente difícil no es darle vida legal, lo difícil es competir, ser relevante, conseguir clientes que quieran pagar por tu producto o servicio y que eso suceda una y otra vez. 

La política pública no debe estar enfocada en cuántas nuevas empresas nacen. Las empresas sin el capital humano adecuado, sin mayor sentido en el mercado, están destinadas a morir y es mejor que lo hagan. Tal como en la biología evolutiva. Necesitamos que nazcan, pero ante todo que se mantengan empresas robustas que puedan competir y ganar. 

En el 2018 la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA) en Colombia fue de 21,2%, lo que quiere decir que por cada 100 personas 21 “emprendió un negocio”. Mientras que en países con economías sólidas y desarrolladas como EE.UU fue de 15,6% y de 5% en Alemania. El ejemplo de esos países nos indica que no es un tema de cantidad, sino de calidad.

  1. No apoyarás a las empresas para que sobrevivan ¡Impúlsalas para que crezcan!

Buscar que las empresas sobrevivan tampoco es el camino. No queremos a un Estado gastando sus escasos recursos en mantener apenas con vida a unas empresas cadavéricas, sin mayores síntomas de vida en los mercados donde tienen que competir. Debemos estar enfocados en ayudarles a sofisticarse, a usar mejor tecnología, a encontrar mejores mercados y esto tiene que ver con capacidades y verdadero entrenamiento en estrategia empresarial que es tan escaso en el mercado de apoyo a las empresas emergentes. 

Países como Colombia son dos veces más propensos a la creación de nuevas empresas que las economías desarrolladas, pero seis veces MENOS capaces de generar compañías con más de 50 empleados. La conclusión es sencilla: no necesitamos tantas, necesitamos empresas que tengan las competencias necesarias para competir y crecer. Estas empresas más robustas crean más empleo, estable y de buena calidad.

  1. No tratarás a todos los emprendimientos igual. ¡No todos fueron creados iguales!

Todo esfuerzo por ganarse la vida con un negocio legal es meritorio. Pero no todos se pueden atender con los mismos instrumentos de política pública. Incluso es debatible si el Estado debe apoyar emprendimientos informales, que no tienen capacidad de crecer y que pueden ser una trampa de pobreza para sus creadores, en la medida en que este autoempleo ni siquiera da para pagar su propio salario legal. 

De acuerdo a cifras de Confecamaras, Colombia es un país donde menos del 35% de las empresas que se registran lo hacen como sociedades, esto significa que más del 60% (establecimientos comerciales o unipersonales) se están configurando sin las estructuras empresariales que les permitan crecer. Las intervenciones deben diferenciarse para cada tipo de emprendimiento. No es igual apoyar una microempresa digital a un micro-taller de confección y ambos son microempresas. 

  1. No intervendrás todo, como un Dios omnipotente

Emprender es un reto en todas sus etapas. Pero eso no quiere decir que el Estado deba intervenir por igual en la creación de ideas emprendedoras, en la prueba del negocio en el mercado, o en su consolidación y crecimiento.

Según Confecamaras y MinCIT, del universo que llamamos emprendimiento solo el 27% se encuentra en etapa de descubrimiento, en cambio 53% se encuentran en crecimiento, 17% en aceleración y 3% en consolidación. A pesar de tener más del 70% en procesos de crecimiento y consolidación, las políticas públicas y programas siguen anclados en entender el emprendimiento como creación de empresas. 

Aun sabiendo que los recursos invertidos en momentos de descubrimiento son casi siete veces menos eficientes que los invertidos en etapas de consolidación y crecimiento, los principales programas de apoyo al emprendimiento, como el Fondo Emprender del Sena, siguen enfocados en estas etapas iniciales de creación.

  1. No dejarás que todos los actores del sistema hagan de todo

Si los llamados “ecosistemas” tienen actores mejor especializados ganamos todos. No es aconsejable tener una misma entidad que pretende ser experta en transferencia de tecnología y también en internacionalización. 

Los “todo en uno” que pretenden apoyar en financiación, ideación y hasta coaching personal a veces terminan no siendo buenos para casi nada. Es clave que la experiencia de estas organizaciones que pretenden brindar a su vez capacidades a las empresas sea del mejor nivel y esto se hace mejor con foco.

  1. No te empeñarás en que el emprendimiento es para jóvenes. 

A pesar de casos como el de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, o incluso Simón Borrero, fundador de Rappi, el único “unicornio” en Colombia, está bien probado que los emprendimientos más exitosos los hacen personas que tienen entre 35 y 45 años.

En muchos casos los emprendimientos exitosos se dan cuando una persona se pasa cinco años, una década o más trabajando y con esa experiencia y ese relacionamiento, incluso con ese capital que logra ahorrar, sale a emprender con unos socios. Es importante dejar de pensar que el emprendimiento es un fenómeno exclusivo de gente joven. Además si puedes aprender con plata de otro en vez de con la tuya propia, ¡es mejor forma de arrancar!

  1. No creerás que “todos somos emprendedores”

Los emprendedores son seres raros, especiales, tienen una necesidad de “completar” el mundo, ven oportunidades donde otros no las ven. No solo crean nuevos productos sino la demanda para ellos. De acuerdo con el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2018 -2019, Colombia ocupa el séptimo puesto a nivel mundial en el nacimiento de emprendedores, se  estima que en el país hay cerca de 9.5 millones de emprendedores entre 18 y 64 años. 

Pero, pretender que todos somos hechos para ser emprendedores es negar que algunos de nosotros tenemos que trabajar para los emprendedores, otros tenemos que comprarles sus productos o sencillamente no tenemos el gen emprendedor.

Aún hay mucho más que decir y ejemplos que dar sobre los “pecados” que se cometen en Colombia en materia de emprendimiento. Esperamos que esta lista no exhaustiva aporte a tener políticas públicas más enfocadas y efectivas que aporten a jalonar la tan necesaria reactivación económica a la que le apuesta el país.

 

*Columnista Invitada Dirección de Emprendimiento

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