Por: Sergio Alfonso Londoño Zureks*
@sergiolonzu

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Descentralización. Cuando oímos esa palabra parece que estuviésemos hablando de física cuántica o unicornios. Ha sido un deseo fugaz de muchos dirigentes y un caballito de batalla para varias luchas. Es también una aspiración regional y una necesidad práctica en términos de competitividad del país. Sin embargo, como una gran quimera, logra evadirnos siempre. Pasaron casi 30 años desde la Constitución del 91 para que tuviésemos una Ley de Ordenamiento Territorial, algo impensable ya que el Congreso se supone está constituido por representantes de todos los departamentos.
 
Mucho se ha hablado de descentralización, pero hay cosas que funcionan y cosas que no. Desde mi experiencia tanto como mandatario local y funcionario nacional puedo decir que mover un Ministerio de Bogotá no descentraliza absolutamente nada. Si algo, incrementa los gastos de viaje de los Ministros o pone a los Alcaldes, Gobernadores y demás autoridades a visitar la nueva sede.
 
El Ministerio del Deporte en Cali, el de Ciencia, Tecnología e Innovación en Medellín o el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo en Cartagena son espejismos. Paños de agua tibia para un problema que no se resuelve cambiándole el domicilio a un ente del Estado.
 
O, ¿acaso van a cerrar las oficinas en Bogotá? ¿mudarán a los funcionarios de carrera administrativa y a sus familias a las nuevas ciudades? ¿podrán atender el Consejo de Ministros de forma virtual? o ¿le harán lobby al Director de Presupuesto del Ministerio de Hacienda a través de Skype?
 
La descentralización real, esa que necesitamos en todos los Departamentos y Municipios del país no es que nos pongan a ir a Cali en vez de a Bogotá, es que nos den las herramientas necesarias para gobernar nuestros territorios. La verdadera descentralización es priorizar los gobiernos locales y no el gobierno central. La verdadera descentralización es entender que, en esta nueva Colombia, el poder o se comparte con las regiones o el Estado fracasa. Eso es lo que están pidiendo las nuevas ciudadanías en las calles, y desde lo nacional no se puede velar por el individuo, sólo se puede velar por el sistema. Los únicos capaces de cuidar de forma individual a la ciudadanía son los gobiernos locales porque están en contacto permanente con las comunidades.

Me hablarán de corrupción y de cómo la plata se pierde y demás. Les contesto que es el juego del huevo y la gallina. Que estamos asumiendo que en la Nación no se roban la plata y que en los gobiernos locales solo hay bandidos. Yo creo que el sistema ha hecho que los bandidos en el centro se preocupen por las platas “gordas” y los bandidos en los gobiernos locales se preocupen por las platas “menos gordas”. Y como en lo local sí que se ven los efectos perversos de la corrupción entonces siempre se dirá que las regiones son corruptas por naturaleza. Yo creo que si empezamos a proveer los recursos necesarios para que las regiones se desarrollen, sin que parezca caridad, mucho vamos a avanzar en el país.

Pero también hay descentralización que no tiene que ver exactamente con recursos y en muchos casos es aún más importante. No sé si saben, pero hay leyes en Colombia que ni siquiera son aplicables en las ciudades costeras de nuestro país. Hemos sido torpes en el ordenamiento territorial porque hemos legislado únicamente para los Andes. Les pongo un ejemplo: Cartagena. El caos de mi ciudad no tiene tanto que ver con los Alcaldes bandidos como con el pésimo ordenamiento territorial del Estado colombiano.

Cartagena es una ciudad costera, patrimonial, con el puerto más importante del Caribe. Una industria petroquímica plástica de proporciones globales y un comercio altamente rentable. Hasta ahí vamos bien. Bueno, todos dirán que es una ciudad rica porque con estas características suena a que le va muy bien. Pues no. Es una ciudad cuyo Alcalde tiene solo 200 mil millones de pesos para invertir en su territorio porque el sistema ha sido diseñado para que vea pasar la riqueza. Sin embargo, esto no es lo más grave, lo peor es que ese Alcalde tiene que compartir competencias para impartir orden en su territorio como con 7 o más entidades nacionales. Podemos decir entonces que en Cartagena hay 8 Alcaldes en funciones todos los días.

Hagamos un repaso. Las murallas y fortificaciones junto con el cuidado de buena parte del Centro Histórico son resorte del Ministerio de Cultura. Las zonas de Bajamar (playas y borde de agua, o sea, casi toda la ciudad) están bajo jurisdicción de la Armada Nacional. Playa Blanca es de Parques Nacionales Naturales, la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique, la Armada Nacional y el Ministerio de Ambiente. Las Islas de Rosario y San Bernardo son de todas las anteriores más la Agencia Nacional de Tierras. Y así sigue la lista. El Alcalde de Cartagena entonces viene siendo un Alcalde intervenido y con poca capacidad tanto de consecución de recursos como de capacidad de tomar decisiones.

Y como pasa en Cartagena, pasa en todo el país. Por eso, cambiar las sedes de los Ministerios no soluciona el problema. Parte de la solución está en que nuestros Congresistas entiendan cómo se gobiernan los territorios y ajusten sus proyectos de Ley a estas realidades. Que en Cartagena, por ejemplo, el Alcalde pueda decidir sobre sus playas o poner orden en sus islas; o proteger sus ecosistemas y beneficiarse de la contribución que pagan los turistas -por ingresar al Parque Corales del Rosario- no debe ser una utopía sino una realidad. Porque las autoridades nacionales están y no están, siempre dependemos de que se puedan montar en un avión, de que nos quieran un poquito más que a otra ciudad para que nos visiten o que estalle algún desastre para que nos presten atención. Y si esto pasa en Cartagena o en la misma Bogotá imaginémonos como se sentirán quienes viven en las regiones más abandonadas de Colombia.

La descentralización por ello debe dejar de ser un simple maquillaje y convertirse en el pilar de una República que avanza hacia la garantía de los derechos de sus ciudadanos.

La belleza del fin del conflicto es que podemos empezar a concentrarnos en resarcir esa deuda social histórica acumulada que el centro tiene con la periferia. Una vez empecemos a cambiar la forma como nos relacionamos entre nosotros y le pongamos suficiente atención a las razones estructurales de las desigualdades podremos caminar juntos hacia un futuro de mayor prosperidad. No podemos ser un país que alcance un desarrollo sostenible mientras conservemos una actitud extractiva de parte del Estado central hacia sus territorios.

Entonces ahorrémosle a los Ministros tener que comprar bermudas y camisetas, dejémoslos en saco y corbata, pero cambiemos las dinámicas de poder que es lo verdaderamente importante.

*Director Temático del Departamento de Bolívar.

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