Las estadísticas detrás del himno que se tomó el mundo femenino.

Andrea Carreño Lozano*
@anpicalo

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Con una venda en los ojos que representa una justicia y sociedad invidentes,  y sus dedos índice apuntando a aquellos que creen que el problema es residual, las mujeres exigen un nuevo orden social. No pretenden más que un mundo libre de violencia para todas y todos. No buscan más que hacer conciencia a través de un cántico de la problemática para construir una sociedad igual, justa y equitativa. En pocas palabras: el respeto a la vida, a sus vidas. El machismo mata, mientras que la equidad de género propicia condiciones dignas de vida.

Nuestra sociedad está infectada de machismo. Se estima que el 35% de las mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual en algún momento de la vida y diariamente, 137 mujeres son asesinadas en el mundo, según cifras de la Organización de Naciones Unidas Mujeres (ONU mujeres). En algunos países, el 70% de la población femenina ha sido víctima de esta violencia. Estas mujeres presentan tasas más altas de depresión, más posibilidades de tener un aborto o de contraer el VIH que las que no han experimentado este tipo de violencia.

El himno interpretado por primera vez por el colectivo chileno LasTesis el pasado mes de noviembre ha sido replicado en el resto del mundo hasta hoy. Este tiene varias frases interesantes que vale la pena analizar. Juzguen ustedes si estas valientes activistas exageran:

“El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer, y nuestro castigo es la violencia que no ves”.

Estimado lectora o lector: ¿Sabía usted que entre enero y octubre del presente año, 97.354 mujeres en Colombia fueron víctimas de violencia sexual, intrafamiliar, personal o de pareja, según datos de Medicina Legal? ¿O que en el primer semestre del año se presentaron 159 feminicidios en el país y 5 mujeres colombianas fueron asesinadas en el exterior por el mismo motivo, según cifras de la Fundación Feminicidios Colombia?

Pues es la cruda verdad y las malas noticias no paran ahí. Las cifras pueden llegar a ser mucho mayores, solo que las víctimas no denuncian por desconfianza en la institucionalidad y revictimización por parte de las dependencias de la justicia. Preguntas como ¿por qué salió en la noche de su casa?, ¿cómo estaba vestida?, ¿qué hizo para que le pegaran?, ¿usted estaba consumiendo alcohol?, ¿usted fue voluntariamente? son revictimizantes y hacen que la culpa recaiga en la mujer siendo ella la víctima de tan aberrantes delitos.

Un estudio realizado por ONU Mujeres Colombia en el año 2014 reveló que ante las denuncias de violencia intrafamiliar, el 54% de los servidores públicos encuestados consideraban que era un tema privado que debía arreglarse en casa.

Según la  Fiscalía General de la Nación, a noviembre del 2017, de los 26.270 casos de delitos sexuales denunciados, solamente 17% fueron imputados y el 5% fueron juzgados. En los casos de asesinatos contra mujeres, sólo el 16 por ciento llegan a imputación, y sólo el 13 por ciento de los feminicidios terminan en condena. Los estereotipos de género y la falta de enfoque diferencial son factores que influencian a las autoridades judiciales al momento de emitir sus decisiones, por lo cual hay un amplio desconocimiento de la situación de desigualdad que la mujer enfrenta y, en lugar de ser escenarios de justicia, se convierten en espacios de discriminación.

El solo inicio del canto acusa al estado de indolente e indiferente ante el sufrimiento y asesinato de las mujeres. Le exigen que pague una deuda acumulada con quienes constituyen más de la mitad de la población mundial. Y guiadas por la premisa de que “es tan culpable quien comete un crimen como quien lo calla”, las mujeres gritan al estado que su falta de políticas públicas efectivas lo convierten en agresor. Es un llamado a que el sistema judicial haga un mea culpa, se eduque en un enfoque diferencial y respete los protocolos que ya existen.

“Es feminicidio. Impunidad para mi asesino. Es la desaparición. Es la violación”.

Entre los 25 países del mundo con mayores tasas de asesinatos de mujeres, 14 están en nuestra región, de acuerdo con el ultimo informe del Small Arms Survey.

En México, tres mujeres son asesinadas y 49 sufren de abuso sexual diariamente, según el Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (Sesnsp). En Guatemala se registraron 243 feminicidios en solo el primer semestre de 2019, según cifras del Instituto Nacional de Ciencias Forenses. En el Salvador, solo en los primeros tres meses del año, 120 mujeres ya habían sido victimas de feminicidio, de acuerdo al Policía Nacional Civil.

En Nicaragua, según el grupo Católicas por el Derecho a Decidir, hasta la mitad de agosto de 2019, 44 mujeres habían sido víctimas de feminicidios en el país. Brasil, ‘el gigante sudamericano’, está clasificado dentro de los quince países con mayores tasas de feminicidios del mundo por la Organización Mundial de la Salud. Y en Perú, una mujer muere cada día en el país, de acuerdo con el colectivo “Ni una menos”.

“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía”.
“El violador eras tú. Son los pacos, los jueces, el estado, el presidente”.

Es así ccómo todos somos culpables cuando invisiblizamos y naturalizamos el problema: los jueces que ignoran las pruebas, hombres y mujeres que justifican la violencia contra sus semejantes y las personas que se niegan a ver que la vestimenta no es motivo de provocación.

En cuanto a este fragmento de la canción, me gustaría traer a colación un resonado caso que dio la vuelta al mundo: durante la celebración de las Fiestas Sanfermines en España, en 2016, cinco hombres conocidos como “la manada” violaron en grupo a una mujer de 18 años.

Los acusados afirmaron que la víctima mantuvo relaciones consensuadas. Por su parte, la defensa, durante el juicio, para desestimar la evidencia en video del hecho, aseguró que en la victima “no se ve asco, ni dolor, ni sufrimiento”; mientras tanto,  parte de los medios de comunicación y la opinión pública ponían en entre dicho el “honor” de la mujer haciendo alusión a sus exparejas,  “Ella no era ninguna santa. Me han dicho que se jactaba de haberse acostado con varios chicos”, argumentó una entrevistada por el canal TVE.

Así actúa y se consolida la cultura de la violación. Este pensamiento que justifica y normaliza las agresiones sexuales por la ropa que llevan las mujeres, su actitud, su estado de conciencia o su pasado. La vida privada de la mujer queda expuesta de manera minuciosa y es juzgada duramente por la sociedad. Mientras que el agresor es justificado, defendido y protegido, inclusive convertido en ídolo de una sociedad machista donde el comportamiento sexual agresivo del hombre es signo de su fortaleza y virilidad.

¡Cuánto falta por hacer, por transformar, por sensibilizar! Es necesario que se escuche nuestra voz para exigir protección. Mientras la violación  y el asesinato de mujeres no indigne a la sociedad en pleno y se culpe a los agresores con severidad, seguiremos muriendo en manos de nuestros pares de vida.

*Columnista invitada del Tanque de Pensamiento Al Centro.

Andrea es Máster en Periodismo y especialista en implementación del enfoque de equidad de género y diferencial en empresas públicas y privadas. Politóloga con énfasis en el área de gobierno e internacionalista de la Universidad del Rosario.

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