(Parte 2: experiencias locales para “cambiar el chip”)

Por: Paulius Yamin*
@PauliusYamin

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En mi columna anterior sobre integridad pública y la confianza en el Estado afirmé que los cambios sostenibles se crean a partir de movimientos colectivos, no de mandatos impuestos desde arriba. También, que un punto clave para lograrlo es transformar las creencias y comportamientos de los servidores públicos y los ciudadanos.

Como lo anuncié en esa misma columna, quiero presentar tres iniciativas locales en las que he trabajado en los últimos años. No escribo sobre ellas porque sean las mejores iniciativas en esta materia, o las más efectivas, sino porque son ejemplos simples, efectivos y fáciles de implementar que han sido creados por servidores públicos y ciudadanos (y no impuestos desde arriba). Porque a pesar de su escala limitada, muestran ejemplos concretos de cómo instituciones, servidores públicos y ciudadanos pueden generar procesos de acción colectiva para aumentar la integridad pública y la confianza en el Estado en sus ámbitos cotidianos.

Al leerlas, recuerde que, como ha demostrado la investigación psicológica, pequeñas acciones como recordar a la gente los 10 mandamientos, o añadir una imagen de ojos en la pared, han demostrado ser efectivas para reducir el porcentaje de personas que se comportan de manera poco ética.

  1. Una institución pública. En una entidad del Gobierno Nacional, servidores públicos de todos los niveles rompen piñatas que contienen brazaletes que los identifican con los procesos institucionales. También crean escenas teatrales sobre situaciones cotidianas que les causan miedo al cambio. Con intervenciones innovadoras como éstas, la «Estrategia de Cambio Cultural» del Departamento Administrativo de la Función Pública intentó transformar las creencias y comportamientos de los servidores públicos a nivel nacional.
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La piñata de la reforma administrativa – foto por el autor

2. Una alianza entre una institución pública y un movimiento cívico. En una oficina de la Alcaldía Mayor de Bogotá, un grupo de servidores públicos entra inesperadamente y distribuye flores frescas con el mensaje «Puedes hacerlo mejor». Así, varias intervenciones fueron aplicadas de forma independiente por los servidores públicos en sus lugares de trabajo por toda la ciudad. Esta y muchas otras acciones parecidas fueron diseñadas en un taller creado conjuntamente por un colectivo ciudadano especializado en intervenciones pedagógicas (Hacker Ciudadano) y una institución pública local especializada en integridad pública (la Veeduría Distrital).

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Servidores públicos listos a cambiar sus organizaciones – foto por el autor

 3. Un grupo de ciudadanos. En Quibdó, un grupo de estudiantes universitarios marchó por la ciudad antes de las elecciones locales y pidió a la gente que compartiera imágenes con el hashtag #YoNoVendoMiVoto. En sólo unos días, lograron que gente de todo el país enviara fotos con el hashtag, incluyendo a varios de los candidatos, que se comprometieron públicamente a abstenerse de comprar votos.

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Actuación junto al río – foto del grupo «Yo No Vendo Mi Voto – Yo Amo Al Chocó».

Aunque es cierto que estas intervenciones no lograrán transformaciones sostenibles y a gran escala sin cambios más profundos en marcos regulatorios y herramientas de política, lo contrario también es cierto. Los cambios en las leyes y políticas suelen ser ineficaces para transformar las creencias y los comportamientos de los ciudadanos si no van acompañados de estrategias sostenibles de cambio cultural y de comportamientos.

 Intervenciones que reconozcan que aumentar la integridad pública, la confianza en el Estado y el control social puede beneficiarnos a todos, pero que también es responsabilidad de todos. Que seguir creando leyes que imponen valores éticos o establecen medidas anti-corrupción basadas en la desconfianza tendrá muy poco impacto si no las acompañamos de estrategias claras y basadas en evidencia para involucrar a sectores amplios de la sociedad alrededor de cambios sostenibles en la cultura y los comportamientos de las personas. Y finalmente, que aunque necesitamos actuar juntos, no es necesario esperar a que los demás se decidan a hacerlo: podemos empezar a transformar nuestras acciones y ámbitos cotidianos ahora mismo, y a inspirar a otros a hacer lo mismo.

*Director de Cultura Ciudadana de AlCentro.
La investigación de contexto fue realizada por Lara Geerman

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