Por: Pablo Soler*
@soler_pablo

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La situación actual de Bogotá evidencia diferentes problemáticas que afectan día a día la vida de los ciudadanos, la invasión al espacio público, la movilidad, la ausencia de cultura ciudadana, la llegada masiva de extranjeros, y, sobre todo, la inseguridad. Es una realidad, que el hurto a personas es uno de los delitos que más ha impactado y preocupa a los bogotanos.

Según el Boletín Mensual de Indicadores de Seguridad y Convivencia de la Secretaria Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia – SCJ, el hurto a personas en la ciudad de Bogotá en 2018 presentó un aumento del 35% en comparación con el 2017, al pasar de 76.904 denuncias a 103.792, siendo Kennedy la localidad con mayores casos de hurto, seguida de Suba y Chapinero. En el 2019 entre enero y noviembre ha aumentado 19% en comparación con el mismo periodo del 2018, al pasar de 96.646 denuncias a 114.929. En este año, Chapinero encabeza con mayores casos de hurtos, seguida de Kennedy y Suba.

Estas cifras, aunque son alarmantes, están lejanas de la realidad, teniendo en cuenta que, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), el 71% de las personas que sufren hurtos no denuncian. Esto no sólo se debe a las complicaciones en términos de tiempo y movilidad para denunciar, sino a la poca credibilidad que tienen los ciudadanos en el sistema judicial colombiano.

Una prueba de ello es lo sucedido con la conocida banda de “Los rompevidrios”, quiénes sembraron el miedo en Bogotá, no sólo por los constantes hurtos, sino también por la violencia como cometían el delito. Esto llevó a que la Policía Nacional capturara a uno de los miembros llamado alias “el Bizco”. Sin embargo, a pesar de tener más de dos denuncias en su contra, de haber sido capturado en el lugar de los hechos, el fiscal encargado lo dejó en libertad.

El panorama no es para nada alentador, Bogotá actualmente cuenta con tan sólo 221 uniformados por cada 100.000 habitantes, una cifra muy baja si se compara con capitales del mundo con similitud de población, o incluso, en comparación con ciudades como Tunja, Pereira, entre otras, presenta un déficit significativo, permitiendo que el hurto aumente cada año en la ciudad.

Lo anterior ha sembrado un miedo generalizado en los bogotanos, donde muchos, por no decir todos, se han visto obligados a cambiar sus rutinas diarias por miedo a que los roben. Solo para mencionar algunos ejemplos, las personas evitan hablar por celular en las calles, salir a ciertas horas de la noche, manejar con las ventanas abiertas, entre otras.

En términos legislativos, en cabeza del Representante José Daniel López se viene tramitando la Ley de Seguridad ciudadana, que busca aumentar las sanciones y eliminar la casa por cárcel a los reincidentes en casos de hurto callejero. También, contempla la creación de delitos como el “sexting” para castigar a quienes revelen vídeos íntimos de terceros sin consentimiento, y “tocamiento”, para sancionar actos sexuales en los transportes públicos.

Es fundamental complementar estas iniciativas con un plan de seguridad ciudadano local, que permita la articulación entre la Policía Nacional, las instituciones locales y distritales y los ciudadanos. Esto se puede ejemplificar por medio de la creación de frentes locales de seguridad por barrios, generando que la base ciudadana tenga mayor participación y apropiación del territorio, y una comunicación inmediata con las autoridades. Éstos van acompañados con protocolos de seguridad específicos, como cámaras de seguridad, alarmas comunitarias, aplicaciones y chats de seguridad, botones de pánico, entre otros.

Como ciudadanos es necesario que dejemos de justificar el delito, que dejemos a un lado el famoso “dio papaya”, y comencemos a apropiarnos de nuestros parques, de nuestros barrios, de nuestro territorio. Esto lo debemos hacer de la mano de las autoridades, conectándonos y permitiendo que la comunicación y la confianza entre las partes sea efectiva. Tal y como lo evidencia uno de los principios de seguridad ciudadana, “la ventana rota”, por medio de la apropiación, el cuidado del espacio público y el mejoramiento de la iluminación, los índices de seguridad aumentan. Lo anterior, es un medio disuasivo y preventivo. Con los frentes de seguridad ciudadanos, si bien se busca mejorar la reacción de las autoridades, lo verdaderamente importante es la prevención del delito.

En un país polarizado, podemos encontrar algo en común, todos queremos más calidad de vida en la ciudad, y sin lugar a duda, la seguridad es un factor determinante para alcanzarlo. No importa su inclinación política, debemos ser capaces de unirnos, de articularnos, de preocuparnos por nuestro barrio, de solidarizarnos y conocer a nuestros vecinos, de trabajar juntos por nuestra sociedad.

*Columnista invitado del Tanque de Pensamiento AlCentro.

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