Por: Rafael Miranda*

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La conducta suicida consiste en el acto deliberado de realizarse daño a sí mismo con el propósito o la intención de acabar con la vida propia. En el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 800.000 personas se suicidan al año, lo que representa una muerte cada 40 segundos por esta causa. Los principales afectados son jóvenes en edad productiva, al punto que el suicidio es la tercera causa de muerte a nivel mundial en este grupo de edad (OMS 2019), lo cual genera costos directos e indirectos en la sociedad, pero también produce gran sufrimiento para las familias y amigos de los implicados, constituyéndose así. De este modo, el suicidio constituye sin duda un problema de interés para la salud pública. 

A pesar de que las tasas de mortalidad por este evento varían entre regiones a nivel mundial, especialmente por las definiciones o clasificaciones de la conducta suicida, cerca del 80% de los suicidios se presenta en países de ingresos bajos y medianos, afectando principalmente a hombres en los dos extremos de la vida: jóvenes y adultos mayores. No obstante, la epidemiología actual muestra variaciones importantes en el comportamiento.

Factores de riesgo: 

Investigaciones recientes han permitido identificar distintos factores de riesgo tales como trastornos mentales, enfermedades neuropsiquiatrías, eventos traumáticos en la infancia (incluido el abuso sexual), uso y abuso de sustancias psicoactivas (incluido el alcohol), traumatismo cerebral y epilepsia. Así mismo, son factores de riesgo los antecedentes familiares de conducta suicida o la pérdida de uno de los padres a temprana edad por esta causa, el acceso a armas letales, los intentos de suicidio previos, e incluso el efecto de los medios de comunicación. 

Lo importante es tener presente que es la suma o el acumulo de estos factores en ciertos momentos de la vida en una persona vulnerable, lo que puede predisponer o precipitar la conducta suicida. Dentro de las causas que pueden llevar a que un individuo realice una conducta suicida se encuentran factores psicológicos como el estrés y la impulsividad, así como algunos rasgos del carácter como el perfeccionismo, la inflexibilidad, la rigidez y las dificultades para resolver problemas. 

Evaluación de la conducta suicida:

Existen diferentes maneras de evaluar los riesgos de suicidio en las personas para identificar a aquellas con vulnerabilidades o a los grupos en riesgo. Sin embargo, ningún modelo, escala o prueba podrá remplazar la entrevista clínica y la evaluación realizada por un profesional. De la misma manera, es importante aclarar que preguntar sobre autolesiones NO provoca actos de autolesión. A menudo, preguntarle a la persona y darle la oportunidad de hablar reduce la ansiedad asociada con los pensamientos o los actos de autolesión y ayuda a que la persona se sienta comprendida. 

Dentro de esta evaluación se debe tener presente si existe un riesgo inminente de autolesión/suicidio, especialmente si la persona presenta desesperanza y desesperación extremas, pensamientos/planes/actos del presente o pasados de autolesión o suicidio, signos de envenenamiento o intoxicación, sangrado por heridas autoinfligidas o pérdida del conocimiento.

Intervenciones:

En cuanto a las distintas intervenciones para reducir la conducta suicida, existen acciones a nivel individual y poblacional. La OMS recomienda la identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo. Así mismo, se recomienda restringir el acceso a los medios más frecuentemente utilizados para el suicidio. También es importante procurar que los medios de comunicación brinden información responsable sobre el tema. Igualmente es necesario hacer seguimiento de la atención prestada a personas que intentaron suicidarse y garantizar la prestación de apoyo comunitario; formular políticas y acciones dirigidas a mitigar los diferentes riesgos mencionados; y fortalecer la vigilancia y el seguimiento de los suicidios y los intentos de suicidio.

Otras intervenciones, se dirigen a una población particular, por ejemplo: niños y adolescentes, adultos mayores, o personas con trastornos mentales. Estas intervenciones incluyen abordajes psicoterapéuticos o psicológicos, la consejería telefónica, los programas en psicoeducación, las terapias grupales y tratamientos farmacológicos. 

Además de las anteriores, es importante tener presente que existen diferentes fuentes potenciales de ayuda: los familiares cercanos, los amigos, profesores o adultos de confianza, líderes espirituales, los consejeros escolares o docentes orientadores de las instituciones educativas y los profesionales de la salud, entre otras alternativas que existen en la comunidad.

Respuesta local:

El panorama mundial de la salud mental se ha transformado en los últimos 25 años debido a que se le ha dado una mayor importancia y visibilidad, lo que implica nuevos retos e investigaciones al respecto. Esta problemática constituye uno de los problemas de salud pública más relevantes en la actualidad. La conducta suicida es una de estas condiciones prioritarias para la administración local. 

En respuesta de lo anterior, la Secretaria Distrital de Salud decidió priorizar la Atención para la población con problemas, trastornos mentales, epilepsia y uso de sustancias psicoactivas, encaminada a brindar las atenciones necesarias desde la detección, canalización, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación dirigidas a las personas, familias y comunidades, a través de las modalidades de prestación de los servicios ambulatorio, internación parcial, urgencias y hospitalización, en las que se desarrollan una serie de intervenciones interdiciplinarias según el plan terapéutico y necesidades de cada individuo y su núcleo familiar, garantizando así la integralidad en la atención.

Conclusiones y Desafíos:

El Suicidio es un problema complejo, la conducta suicida trae consigo gran sufrimiento a las personas y sus familias, así como, incide en la comunidad donde ocurre este evento, por lo que todos, de una u otra manera nos vemos afectados y comprometidos; sin embargo, puede ser prevenido y tratado oportunamente. 

Reporte de autopsias psicológicas realizadas a sobrevivientes o sus familiares han permitido conocer, que una persona consulta por lo menos una vez en los últimos seis meses al sistema de salud, antes de realizar una conducta suicida; también se ha documentado que en promedio ha realizado por lo menos 4 intentos previos de autolesiones y le ha informado en el ultimo mes a un familiar o conocido su intencionalidad de hacerse daño. Entonces, surge la pregunta, ¿Qué estamos haciendo, y Porqué sigue ocurriendo?

Una posible respuesta, mas que sencilla, dolorosa, tiene que ver con el estigma y auto-estigma particularmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio. Esto hace que las personas no busquen ayuda, pues suelen sentirse señalados, objeto de burla incluso discriminados o rechazados, no accediendo por esta razón a servicio de salud de manera oportuna. A lo largo del tiempo se les ha atribuido a los trastornos mentales una connotación de falta de voluntad o incompetencia, y las personas con enfermedades mentales, un estereotipo de agentes peligrosos, esto principalmente promovido por el desconocimiento y los prejuicios asociados con el miedo y la frustración de sentirse vulnerable.

Es clave por lo anterior, aumentar la sensibilidad y superar el tabú en nuestra sociedad acerca del suicidio y hablarlo abiertamente, otorgándole una alta prioridad en la agenda pública política y social.

*Columnista invitado de Alcentro.

Rafael es Médico psiquiatra, Especialista en epidemiología clínica y General, Magister en salud pública y Fellow de psiquiatría infantil y del adolescente.


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