Por: Gabriel Cifuentes*
@gabocifuentes

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El nombramiento de Luis Alberto Rodríguez, actual vice ministro de hacienda, como nuevo director del Departamento Nacional de Planeación, no sólo pone en duda los criterios técnicos para el nombramiento de altos funcionarios del gobierno, sino que pone en peligro la existencia misma del DNP.

Por dicho Departamento Administrativo han pasado economistas destacados como Armando Montenegro, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas, Cecilia López, Mauricio Santamaría, Luis Fernando Mejía, Antonio Ocampo, entre muchos otros. Ojalá yo me equivoque, pero hoy llega un profesional, que si bien presenta una hoja de vida meritoria, no está a la altura de la experiencia requerida para un cargo de tanta relevancia.

El DNP cumple un rol central en el Gobierno: aprueba los proyectos de inversión e incide en la distribución de dicho presupuesto entre las Entidades; coordina, elabora y supervisa la creación de políticas públicas del orden nacional; elabora nada más ni nada menos, el Plan Nacional de Desarrollo, hoja de ruta del gobierno nacional cada 4 años; publica importantes informes macro-económicos y evaluaciones de política; supervisa y aprueba los proyectos financiados con recursos de regalías; acompaña diferentes juntas directivas; entre muchas otras funciones.

Adelantar con éxito todas las tareas que le competen al DNP exige que su Director acredite en la práctica una enorme experiencia, equivalente, por lo menos, al grado de responsabilidad que se desprende del cargo. También se espera que tenga la suficiente “cancha” para poder lidiar con los intereses sectoriales del ejecutivo, y los intereses territoriales del legislativo. En otras palabras, más allá de títulos universitarios, se requiere un cayo político suficientemente grueso para no poner en riesgo la inversión estratégica y el direccionamiento de las principales políticas del Estado.

Ahora bien, no me caben dudas sobre las competencias académicas y profesionales del vice ministro, quien, según me informan, es un profesional comprometido y que ha logrado asumir importantes retos a pesar de su no tan larga trayectoria. No obstante, lo que más preocupa no es la capacidad técnica o la falta de experiencia práctica de Luis Alberto Rodriguez, sino las razones que llevaron al Presidente a nombrarlo en tan alto cargo, así como los efectos que dicho nombramiento pueda tener para la Entidad.

El Señor Rodríguez se despeñó como vice ministro de Alberto Carrasquilla, a quien acompañó en el trámite de aprobación del Plan Nacional de Desarrollo. En uno de sus artículos, el Plan proponía unificar el manejo del presupuesto de inversión y de funcionamiento en cabeza del Ministerio de Hacienda. Esta movida no sólo implicaría una enorme concentración de poderes en cabeza del Ministro, sino también el rompimiento del importante balance en el manejo presupuestal que hasta ahora hemos tenido gracias a que los recursos de inversión y funcionamiento no se distribuyen por parte de la misma entidad. Con la reforma que pretendían Carrasquilla y su vice ministro, a costa de dejar sin dientes a Planeación Nacional, se le hubieran otorgado poderes extraordinarios, y poco recomendables, al Ministerio de Hacienda.

Bajarle el perfil al Director del DNP poniendo una ficha del mismo Ministro que ha pretendido eliminar gran parte de sus funciones, es el presagio del fin de la época de oro del único tanque de pensamiento que ha tenido el Estado Colombiano. Esperemos que el Presidente y el Congreso atiendan el llamado de 11 ex directores del DNP para que no prospere el Plan de Carrasquilla. Le exigimos también a su nuevo Director que no sea cómplice pasivo del entierro de una de las entidades más importantes, serias y queridas de Colombia.

*Director de Seguridad y Justicia del Tanque de Pensamiento Al Centro

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