Los docentes no son un producto terminado

Los docentes no son un producto terminado

Por: Julián Gutiérrez

Al momento de escribir estas líneas, faltan poco mas de 18 días para el final del año 2020. A diferencia de este año donde no había manera de pensar en la necesidad de responder a la emergencia de la pandemia de COVID-19, el campo de la educación en 2021 debe reconocer su efecto sobre el actual estado de cosas para pasar (en la medida que la metáfora lo permita) de una respuesta defensiva a una respuesta ofensiva frente a un virus y una enfermedad que han tenido un efecto devastador en el mundo.

En primer lugar, esta discusión implica pensar en el retorno de clases presenciales no como una posibilidad sino como una realidad. UNICEF señala no solo la necesidad de hacerlo sino el hecho que, de acuerdo con la evidencia, la reapertura de los colegios y escuelas no representa un riesgo de propagación significativo del virus, lo que sugiere que el primer argumento que se ha esgrimido para mantener los cierres, el contagio masivo en niños, niñas y adolescentes puede ser cuestionado. Por otro lado, como lo señala la profesora Sandra García de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, el cierre de colegios y escuelas representa pérdidas en los aprendizajes de los estudiantes que a medida que pasa el tiempo se harán mas difíciles de cubrir y sobre todo en el caso de Colombia, se ven potenciadas por las brechas de acceso a recursos y calidad educativa entre los distintos sectores de la población, brechas de las que estábamos conscientes en la presencialidad y que se han mantenido en la virtualidad. 

Además de estos argumentos basados en la evidencia, el caso colombiano nos está mostrando otro papel que estaba cumpliendo la escuela como garante de derechos. El cierre de escuelas y colegios ha comprometido la seguridad alimentaria de miles de niños, niñas y adolescentes, en el caso de estudiantes de programas de media especializada y preparación para el trabajo, ha afectado sus posibilidades de formación y eventualmente de ingresos y les ha quitado, a los niños y jóvenes víctimas de abuso en sus hogares, la posibilidad de acceder a un espacio seguro donde pudieran ser escuchados y atendidos. Aunque algunos de estos escenarios han sido resueltos con mayor o menor éxito por parte de las entidades territoriales (Como en el caso de Bogotá con el programa de bonos alimenticios), se puede concluir que, si la escuela es no solo un espacio de aprendizaje sino de garantía de derechos, este rol solo puede ser cumplido a cabalidad con una apertura de los espacios físicos que reconozca las necesidades de seguridad ante el virus y la capacidad de respuesta de las entidades territoriales, siendo crucial subrayar este último punto. Resultaría ingenuo pensar que todos los colegios oficiales en Colombia están en las mismas condiciones como para pensar en un plan de apertura unitalla por lo que hay una responsabilidad por parte de las secretarías de educación en cada ente territorial de identificar las necesidades de apertura, la capacidad de las instituciones educativas de resolver estas necesidades y realizar las tareas necesarias para garantizar dicha capacidad en los casos en los que esto no sea del todo posible. 

 

Partiendo entonces del punto de que la reapertura de los colegios no debe ser vista como una posibilidad sino como una certeza, tiene sentido en preguntarse por como podría ser el trabajo escolar en 2021. A fin de cuentas, los efectos de la nueva realidad en los colegios no se cuentan solo en el aula de clase sino en cada dimensión del funcionamiento de una institución educativa cualquiera y tomando eso en cuenta, vale la pena pensar en una nueva forma de abordar un tema al que no se le ha dado tanta atención como el desarrollo profesional de los docentes en ejercicio. Esta falta de atención se ha dado, en un primer lugar, por una creencia afincada en muchos docentes de que ya saben todo lo que tienen que saber y no es necesario “seguir yendo a capacitaciones”, sin embargo y como la pandemia misma lo ha demostrado con las habilidades que han adquirido vía el paso a la virtualidad, un docente nunca será un producto terminado y siempre debe estar pensando en ajustes y cambios a sus prácticas en respuesta a las distintas situaciones que va encontrando. 

Esta visión de las necesidades de formación de los docentes lleva a la segunda razón del abandono a la formación profesional situada pues ha hecho que esta sea vista como una tarea burocrática que quita tiempo y las mas de las veces queda relegada a sesiones de trabajo de poquísima recordación realizadas durante las semanas institucionales. En ese sentido, aunque se habla constantemente de añorar el regreso a la normalidad, quizá, en este caso, volver a la normalidad no sea tan deseable. Pensar en procesos de desarrollo profesional situado que tengan un componente virtual puede ser una manera de garantizar una mayor participación de los docentes y, pensando en el caso colombiano específico, puede ser una oportunidad para masificar el excelente trabajo que ha hecho el equipo de tutores del Programa Todos a Aprender a lo largo de los años. 

Pensando en una perspectiva de largo plazo, la situación actual es un momento que permite repensar lo que representa y significa la escuela en la sociedad. A pesar de las reformas que ha experimentado a lo largo de los años, la verdad es que sigue siendo una institución que en términos generales sigue funcionando bajo las lógicas de la primera revolución industrial. Este es un momento en el que puede aprovechar entonces para ponerse a tono con el mundo en el que vivimos y mejorar sus aportes a la construcción de sociedad.

*Miembro Dirección de Educación

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Los docentes no son un producto terminado

La oportunidad que nos regaló la pandemia: Currículo VS virtualidad

Por: Doreidys Escorcia

Desde que iniciamos a escuchar que el virus llegó al mundo, hemos comenzado a experimentar situaciones de las cuales no estábamos preparados y nos hemos ido adaptando poco a poco a la nueva civilización, donde el contacto ha pasado al segundo plano y los metros de distancia se han convertido en lo mas común. Hoy las instituciones educativas son un ejemplo vivo de esas experimentaciones, la mayoría de sus currículos no tenían incluida la necesidad de la virtualidad abordando los procesos pedagógicos desde allí, y digo la mayoría porque antes de pandemia la virtualidad en Colombia solo tenia entre 15 o 20 años y empezó con algunas universidades que fueron pioneras como el Politécnico Grancolombiano; en los últimos reportes del periódico El Tiempo afirman que antes del coronavirus el 10 por ciento de los estudiantes estaban en modalidad virtual, es decir, más de 200.000 alumnos. 

Esto, nos deja claro el panorama de que eran pocas las instituciones que manejaban la virtualidad dentro del currículo, lo que nos hace establecer el siguiente interrogante: ¿Cómo replantear los currículos en Colombia incluyendo el pensamiento computacional desde el preescolar?

No es una idea loca, hoy todas las instituciones para seguir al pie de lucha han flexibilizado su currículo, los espacios y aprender de la virtualidad desde todos sentidos, conocer estrategias nuevas, la incorporación de las TIC en los procesos de aprendizajes y reflexionar como aprende el estudiante desde la distancia. 

Hay que tener claro, que la interacción por si sola del educando con relación a la virtualidad no nos legitima la modificación significativa de sus estructuras cognitivas, pues hay que tener conciencia que con las TICS podemos hacer que nuestros estudiantes, creen, diseñen, transformen, solucionen situaciones, critiquen y tengan lecciones aprendidas, pero esto no se daría sino se hace un buen acompañamiento como maestro mediador.

Entonces tendríamos que pensar en el perfil del maestro virtual, que quizás el reto es mayor, porque la mediación pedagógica iniciaría teniendo en cuenta que los contenidos programáticos sean producto de una construcción del sentido de las cosas, no buscar una memorización, sino por el contrario, acompañar consiente y deliberadamente el cambio educativo desde el dominio epistemológico, habilidades, actividades didácticas y habilidades comunicativas y tecnológicas.

Es así, que preconcebir un nuevo currículo donde la virtualidad sea ese punto de equilibrio es una urgencia, y considero que debe contener dentro de tantas cosas, técnicas y estrategias de estudio metacognitivos, integrar el uso de las herramientas LMS, propiciar el uso correcto de plataformas educativas, incluir una metodología integradora que contemple procesos investigación basado en el uso correcto del internet, incluir el pensamiento computacional como eje, seguido a demás, de formación a los maestros, padres y aprendientes.

Desde esta visión, hay que considerar 5 ítems que se deben tener en cuenta para definir el diseño curricular de un entorno virtual:

  1. Modelo pedagógico: determinar aspectos relacionados a la naturaleza institucional, interdisciplinariedad, multidisiplinariedad y pensamiento computacional.
  2. Pedagogía: incluye estrategias didácticas trasversales con una plataforma accesible y acorde al modelo educativo.
  3. Enfoque: constructivista – humanista – cognitivo con enfoque tecnológico coherente con la alfabetización digital y la legislación educativa como apoyo a los procesos aprendizaje.
  4. Infraestructura: Disponer de plataformas educativas dinámicas atractivas para los educandos.
  5. Perfil del estudiante: Debe Delimitar sus estrategias de aprendizaje con capacidad para autoevaluarse, autorregularse, autocriticarse y autoreflexionar.

Los elementos anteriormente descritos, proporcionan una idea de como empezar a diseñar un nuevo currículo, sin embargo, hay que  advertir que para que esto se dé, hay que tener en cuenta las necesidades del contexto, voluntad gerencial y recursos para abordar de manera conjunta los componentes educativos virtuales necesarios.

Es de allí, que he evidenciado como en muchas instituciones ya sean del orden preescolar, básica, media o superior como han mejorado su practica flexibilizando sus actividades de clase desde la virtualidad, pero que tan cierto es que ya en su evaluación institucional revisaron el tema curricular y lo comenzaron a mejorar, cual será la meta a corto, mediano y/o largo plazo y… ¿si volvemos al confinamiento? Ya tienen el plan b o c. Hay que poner la 10 para que al iniciar el 2021 no nos agarre con las manos en la cabeza. 

Por tanto, la tarea inmediata es comenzar a promover un aprendizaje virtual centrado en el aprendiente, una efectiva comunicación de tipo asertiva, suscitando actitudes, habilidades y manejo de la inteligencia emocional desde el plan de estudio pensando en nuevos proyecto que sean atractivos y que cubra tanto necesidades e intereses.

 

*Miembro Dirección de Educación

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Los docentes no son un producto terminado

El regreso a clases: entre las deficiencias en infraestructura educativa y los bonos educativos como alternativa.

Por: Liliana María Guaca

El COVID 19 se ha convertido en parte activa de nuestro lenguaje común y ha afectado  muchas de las dimensiones de la vida de los ciudadanos. Una de las aristas de esta crisis que no termina por resolverse, es la que tiene que ver con el regreso de los estudiantes a las clases presenciales.

Los niños y niñas de este país se encuentran en medio de los temores de sus padres, la falta de garantías para que los docentes vuelvan a las instituciones educativas y la normativa gubernamental, que propende por un regreso gradual en atención todas las medidas de bioseguridad, pero que aun está lejos de materializarse en la vida real.

Así, este aparente regreso pone de presente las desigualdades de siempre; mientras que los colegios de estratos altos y medios realizan inversiones, aunque nada fáciles en medio de un periodo de recesión económica para garantizar el regreso de sus estudiantes a clases, la educación pública, siempre rezagada, no cuenta con la infraestructura, ni los recursos suficientes que le permitan echar a andar de nuevo el sistema. A esto se le suman las presiones de los sindicatos como FECODE, que ha puesto de manifiesto que no existen las condiciones mínimas para este regreso.

El Ministerio de Educación Nacional informó a Semana que se han hecho transferencias por el orden de los $92.000.000 a las Secretarías de Educación para realizar adecuaciones que les permitan mejorar los ya identificados problemas de agua potable, deficiencia de aulas, aumento de baterías sanitarias y lavamanos en las instituciones. No obstante, las entidades territoriales manifiestan que los recursos aún son insuficientes. Leyendo este panorama, el regreso no parece ser algo cercano.

La UNESCO y varios expertos en educación alrededor del mundo han puesto de presente los efectos negativos que tiene que los estudiantes no vuelvan a la presencialidad, tales como la afectación de sus procesos de aprendizaje, que según cifras del Banco Mundial, representarían una perdida entre 0.3 y 0.9 años de escolaridad. A esto se le suman las dificultades psicológicas que se están evidenciando; De acuerdo con el Instituto Colombiano de Neurociencia, el 88 % de los estudiantes “están teniendo una afectación en su salud mental por permanecer en sus hogares” debido a largos periodo de confinamiento, sumados a una exposición excesiva a las pantallas y dispositivos electrónicos.

En medio de este difuso escenario de regreso, se plantean alternativas como el de la senadora Paloma Valencia, quien ha propuesto la entrega de bonos escolares a los padres de familia ya que dentro del sistema público no están dadas las condiciones para el retorno. La senadora plantea que estos bonos pueden asimilarse a estrategias de financiamiento similares a las definidas para el programa de Generación E,  así como una oportunidad para que los padres de familia tengan opciones diferentes a la educación pública, respecto de la educación de sus hijos.

Estas declaraciones causaron polémica y muchos de sus detractores manifestaron que avanzar en esta propuesta solo incrementaría las brechas entre el sector público y el privado, sumado a que cuando ésta se lanzo al aire, no se contaba con estudios técnicos que permitieran evaluar la capacidad real de absorción de la población a los privados. Otro elemento importante, es que las éstas trasferencias realizadas a las Secretarías de Educación, son el resultado de ajustes internos del presupuesto general del Ministerio  y solo podrían ir direccionadas a fortalecer el sector que más lo necesita, en este caso las instituciones educativas publicas en cada región.

Si bien nos encontramos en un escenario de incertidumbre, se debe tener presente la responsabilidad del estado como garante de los derechos fundamentales. En este sentido, lo correcto es aunar esfuerzos para aumentar las transferencias a los territorios, que permitan avanzar en las adecuaciones en infraestructura educativa requeridas y promover la apertura gradual del servicio con miras a un 2021 con normalidad.

El COVID surgió como una oportunidad real para que las instituciones educativas percibieran recursos que no se tenían pensados. Lo que quiere decir, que hoy estas transferencias están resolviendo algunas de las demandas de las comunidades educativas y que los sindicatos han puesto de presente por años; falta de aulas y condiciones de infraestructura escolar (sanitarias principalmente) adecuadas con un servicio de calidad, y por su puesto el mejoramiento de las condiciones de ejercicio de la profesión docente. 

Adicionalmente, se deben generar mayores estrategias para ganar la confianza de los padres de familia y hacer visibles y comprensibles para ellos, los efectos nocivos a mediano y largo plazo de no enviar a sus hijos a clase. La presencialidad debe ser el objetivo común como sociedad y gobierno. Lejos de las presiones sociales y políticas de turno, está el bienestar de los niños y niñas que hoy encuentran en la escuela una espacio protector y garante de derechos; más en contextos violentos o en regiones apartadas y excluidas de las oportunidades de desarrollo, este es el único espacio seguro y garante de derechos con el que cuentan.

La educación es un derecho fundamental así como fue ratificado en la carta que 84 académicos y políticos firmaron para exigir el retorno a clases, en donde se presentan también varios factores asociados que complejizan este escenario de confinanamiento, como lo son, el aumento del la violencia sexual, los embarazos en adolescentes, que ha sido uno de los flagelos contra los que el sector ha luchado, así como el efecto negativo de la pandemia sobre la mujer,  con el aumento del desempleo femenino y la sobrecarga de tareas de cuidado en el hogar.

Finalmente, el cupo epidemiológico definido en las ciudades debe privilegiar la asistencia de los estudiantes a las aulas y se deben establecer medidas claras por parte de los gobiernos locales para materializar este regreso cuanto antes.

*Miembro Dirección de Educación

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Los docentes no son un producto terminado

Lecciones aprendidas de la educación en tiempos de pandemia

Por: Doreidys Escorcia

Que la virtualidad nos sorprendió no debe ser la sorpresa, la sorpresa debe ser que tanto he aprendido a través de la virtualidad

Doreidys Escorcia

Aunque el título suene muy ambicioso para todo lo que hemos vivido en estos tiempos, debo aclarar que éstas son reflexiones, que a nivel personal, me han quedado a raíz de todos los cambios y procesos de los cuales hemos sido parte durante la emergencia sanitaria por la que pasa el mundo entero. Parte, además, de un rol dicotómico; en el cual he decidido ser juez y parte (Si se quiere llamar así), al ser docente y estar del lado de quienes organizan e imparten la formación, pero también de quien se ha parado en múltiples ocasiones del otro lado de la pantalla como estudiante.

En este orden de ideas, la educación en nuestro país ha ido poco a poco reinventándose y flexibilizando su manera de llegar a los aprendices, a través, de diferentes plataformas que se encuentran al alcance de todos, pero en realidad hay que pensar ¿qué tanta calidad educativa puede llegar a las casas de nuestros estudiantes?, cuando existe un sinnúmero de ellos sin siquiera tener un celular, o padres que vean imposible la tarea de educar de esta forma, tampoco, es un secreto las fallas o nula conexión que hay en muchos municipios de Colombia específicamente en los municipios rurales que son los más golpeados en esta época; de acuerdo con datos del Ministerio de Educación y el Icfes analizados por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, sólo el 17 por ciento de ellos tiene acceso a Internet y computador, es decir, aproximadamente 408.000 niños. Y si hablamos de la educación superior, según advirtió la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun) la deserción estudiantil para el segundo semestre de este año sería de, al menos, un 25 por ciento, donde la principal causa es la económica y aquí entraríamos a otro sector que afecta de manera directa a la educación. 

 Hay mucha tela por cortar, pero a la vez un compromiso personal, de cada uno de esos chicos, chicas, jóvenes y docentes que día a día buscan la manera de llegar hasta ellos para que aprenden significativamente.

Ser docente hoy, en medio de este caos, es sin duda un desafío, es identificar a través de su voz que aquello que quieres enseñar está siendo agradable, de su gusto y por lo tanto el estudiante esté interesado en aprender, es deducir cual es su ritmo de aprendizaje porque personalizar las actividades es cada vez más complicado, es buscar una estrategia divertida para que no se duerman en casa, es incentivarlos a hacer las trabajos y que todo quede claro y bien explicado, es mirar a través de la pantalla pixelada los rostros agradecidos por estar ahí presente muy a pesar de que algunos hayan dejado la batalla a medio caminar (Por conectividad, implementos electrónicos, apoyo familiar, economía) esforzarnos por los que quedaron peleen contigo. 

Es allí, cuando nos colocamos el traje de los superpoderes y comenzamos a hacer cursos para ser cada día mejores docentes, a buscar estrategias donde la virtualidad no sea ese monstruo que nos persigue sino ese príncipe azul del cuento de hadas que nos rescata cuando estamos sumergidos en esa zona de confort… Muchos dirán eso pasa por no ponernos a la moda cuando debíamos, ¿Quién dijo que la tecnología es una moda? Ahora, es cuando estamos viviendo la importancia de ir a la vanguardia de la época, de no quedarnos a un lado, y de arriesgarnos a buscar siempre nuevas alternativas, que nos hace falta, si claro, pero considero que muy a pesar de que la pandemia nos sorprendió hemos ido adaptándonos a los cambios, hemos ido aprendiendo y los mas importante, hemos dado lo mejor de cada uno de nosotros.

La enseñanza es ésta, es lo que estamos atravesando, simplemente no dejemos para otro día lo que podemos aprender hoy, que todos los días nos debemos reinventar, que todos los días debemos tomar conciencia de aquello que aprendemos, de buscar mejores y nuevas estrategias adaptadas al tiempo y al espacio en el que nos encontramos. Mi aplauso hoy no es para los médicos, es para todos los docentes y estudiantes que día a día luchan por enseñar y aprender. 

*Miembro Dirección de Educación

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Desigualdad y exclusión educativa en la Pandemia: ¿Qué tanto se ven afectados los niños y niñas rurales en Colombia?

Por: Liliana María Guaca

Frente a la situación de aislamiento social y cierre temporal de las escuelas, se ha definido desde el Gobierno Nacional estrategias de acompañamiento escolar a los niños y niñas desde el hogar, a través de la mediación tecnológica. En las zonas urbanas, estas medidas se han logrado desarrollar debido al acceso a bienes y servicios que garantizan condiciones mínimas para el desarrollo de la actividad académica. No obstante, en las zonas periféricas y rurales donde las oportunidades no son las mismas, que para las familias urbanas de mayores ingresos, la situación es totalmente opuesta.

Es así, que la pandemia ha puesto de relieve la desigualdad entre los estudiantes rurales y urbanos en el sistema educativo. En este caso, la pobreza, la discapacidad, la etnia, y la dispersión geográfica son factores asociados que agudizan la situación y ponen evidencia el alto riesgo de deserción escolar al que se enfrentan hoy las instituciones educativas rurales.

Las dificultades en el acceso a los medios tecnológicos como tablets o computadores, sumado al factor conectividad, se convierten en los principales factores de exclusión, ya que es a través de las plataformas virtuales, que se procura mantener el proceso de escolarización.

Según un estudio de la Universidad Javeriana, el 96% de los municipios del país no desarrollan el proceso escolar de manera virtual porque más del 50% de los estudiantes de grado 11º de las escuelas rurales no tienen computador ni acceso a internet, sumado a que en caso de contar con algunos equipos, estos no son modernos y no permiten desarrollar un proceso educativo de calidad.

Respecto del acceso y la conectividad, el Censo DANE (2018) reveló que solo el 16.2% de las zonas rurales tienen acceso a internet. De los 32 departamentos, 22 tienen menos del 30% de viviendas conectadas y La Guajiara, Chocó, Caquetá y Vaupés, encabezan la lista de los que tienen la más baja conectividad del pais, siendo este último el más bajo con un 4%.

El cuarto informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2020: Inclusión y educación – Todos, sin excepción de la UNESCO aplicado a 209 países   “Identifica una exacerbación de la exclusión durante la pandemia del COVID-19 y se estima que alrededor del 40% de los países de ingresos bajos y medios- bajos, no han prestado apoyo a los alumnos desfavorecidos durante el cierre temporal de las escuelas”. Con este panorama los desafios de la educación rural en Colombia son titánicos, y se deben plantear escenarios posibles para lograr mantener a estos niños y niñas dentro del sistema educativo y así no perpetuar los circulos intergeneracionales de la pobreza.

En medios nacionales, algunos docentes rurales frente a esta situación han desarrollado alternativas para mantener a sus estudiantes escolarizados, optando por visitar en moto u otro medio alternativo, vereda a vereda para poder llevar el conocimiento a sus estudiantes, hasta familias que frente a la falta de conectividad y medios tecnológicos, han tenido que viajar hasta las cabeceras municipales o capitales de departamento para encontrar las guias de trabajo para sus hijos o un servicio de internet para conectarse con el sistema.

En este escenario tan complejo, se vislumbran algunas alternativas de cómo se puede avanzar en el mejoramiento de las condiciones de prestación del servicio educativo rural. Recientemente se sancionó una ley en el congreso liderada por la Representante a la Cámara por Bogotá, Juanita Goebertus del Partido Verde, que permite la flexibilización del transporte escolar en la ruralidad, en donde no aplica es bus amarillo y con cinturones de seguridad, ya que no existen operadores que presten los servicios o  las condiciones de vias de acceso terrestres son limitadas.

Si bien se abre la posibilidad a los territorios que se reglamenten otro tipo de trasportes alternativos que permitan pensarse un sistema multimodolal que beneficie a los territorios, estos deben garantizar las medidas de seguridad del caso y desde el gobiierno nacional se deben fortalecer el acompañamiento, especialmente a las regiones en su reglamentación con prontitud. Esta ley combate las brechas entre lo urbano y lo rural al proveer a los niños y niñas oportundidades de movilizarse hasta sus escuelas  de manera altenativa y garantizar así el acceso a la educación.

Finalmente, se espera de parte de los gobiernos locales que una vez los estudiantes vuelvan a las aulas, se desarrollen programas de refuerzo, acompañamiento y nivelación, y se definan acciones claras de  seguimiento a la efectiva adquisición y evaluacion de  los aprendizajes en la ruralidad, y que no resulte siendo un proceso que en apariencia garantiza la escolaridad pero que en el fondo, acrecenta las brechas y la exclusion educativa de aquellos que más lo necesitan.

 

*Miembro Dirección de Educación

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Los docentes no son un producto terminado

Volver a clases después de la pandemia.

Nuestro Director de Bienestar Escolar,Jairo Gómez, habla sobre las condiciones que deberían tener en cuenta los colegios para volver a clase a partir de Agosto.

 

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