Por: John Jairo Ocampo*

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La protesta social llegó y llegó para quedarse no sólo en Colombia sino en el mundo entero. Los ejemplos son palpables y lo vemos todos los días en las noticias.

Puede haber muchas razones para protestar o no hacerlo, eso es respetable. Sin embargo, hay que ir más allá de la discusión y trascender de lo coyuntural.

Lo que está pasando de fondo obedece a las transformaciones de las sociedades. En el caso colombiano esa transformación ha sido lenta y desordenada pero las cosas hoy son muy distintas a las de hace 30 años.

Nosotros, los de la era de la naranja -en otras palabras, cincuentones- hemos vivido esos cambios. Por ejemplo, nuestros padres escasamente terminaron el bachillerato y con mucho trabajo y esfuerzo sacaron adelanta familias con 5, 6 o más hijos.

Nuestra generación ya fue de bachilleres, logramos entrar a la universidad -en muchos casos trabajando en el día y estudiando de noche- y con gran esfuerzo logramos avanzar hasta las especializaciones. Trabajamos con pasión, vivimos aferrados a ser empleados y siempre hemos querido ascender en las organizaciones donde laboramos. Hemos sido una generación pasiva y conformista.

Ahora los jóvenes no solo son bachilleres. Terminan el colegio con mínimo uno o dos idiomas, van a la universidad, estudian en el día, tienen vehículo o se mueven por un sistema transporte distinto al de nuestra generación. En nuestra época se hablaba de “racimos humanos”.

La generación actual tiene acceso más fácil a educación básica y bachillerato (gratuita en colegios públicos), más fácil acceso a la universidad, a los servicios básicos, internet, información, tecnología y redes sociales.

Esos jóvenes por lo tanto se comienzan a preocupar por decisiones que consideran una amenaza frente a sus avances. La reducción de la pobreza implica que más familias pasaron a la clase media-vulnerable, es decir, están en un límite de riesgo y están dispuestos a dar las batallas para no retroceder y caer de nuevo en niveles de pobreza.

Por esa razón cuando se van lanzando propuestas ligeras, desconectadas del sentimiento público, como reformas pensionales, laborales y tributarias, por parte del gobierno, de los gremios o de los políticos, se genera pánico entre esa sociedad que no quiere retroceder.

Con el nivel de educación de la generación de hoy, hablar de subir impuestos a trabajadores y bajar a los empresarios o pensar -siquiera pensar- en gravar con IVA los productos de la canasta familiar o hablar de reforma pensional que implique mayor cotización o mayor edad, provoca incertidumbre.

Lo jóvenes de hoy, aunque no son tan aferrados a los cargos, están preocupados por el aumento del desempleo y las pocas oportunidades laborales para esta población.

Cuando los jóvenes veían una esperanza de paz y un país que avanzaría sin el palo en la rueda de las FARC-EP atravesado en el desarrollo, hoy se preocupan por los niveles de violencia y confrontación lo que llevaría, entre otras cosas, a que el sector defensa vuelva a llevarse la mayor tajada del presupuesto en el futuro inmediato, por encima de la educación.

Y ni qué hablar de la inseguridad en las ciudades, la corrupción y los abusos de las autoridades. Son muchas las preocupaciones que tienen las nuevas generaciones sobre su futuro y quizá eso motiva la protesta.

Con todos estos elementos, resulta errada la estrategia del gobierno y de su partido, el Centro Democrático, de estigmatizar y desvirtuar las razones que motivan un paro. Si bien no hay proyectos concretos de reformas -como la pensional o laboral-, sí hay intenciones manifestadas por los propios ministros.  

Salir con videos y mensajes en redes tratando de mostrar que no hay razones para la protesta es estar muy desconectado del sentimiento público y lo que hacen es calentar los ánimos y provocar una reacción para que la gente salga con rabia a protestar.

No se equivoquen. Muchas veces se recoge de lo que se siembra. Fue el partido de gobierno, Centro Democrático, el que apoyo y promovió los paros y protestas más violentas en la administración anterior.

Los mismos que hace 4 o 5 años justificaban cualquier cosa para apoyar los paros que tanto daño hicieron, hoy son los que no encuentran ninguna razón para la protesta.

En el gobierno del presidente Santos se vivieron jornadas de protesta prolongadas y violentas. Se intentaron muchas fórmulas para contrarrestarlas, entre ellas, desvirtuar las razones del paro. Al final se dieron cuenta que ese no era el camino y s se recurrió a dialogar y concertar soluciones.

El camino -creo yo- no es polarizar más. No es exacerbar los ánimos y descalificar cualquier protesta.

Si hay indicios de vandalismo o infiltraciones son las autoridades y la inteligencia las que deben actuar y garantizar que la jornada de protesta se haga en total tranquilidad. Siempre se rechazará y condenará el vandalismo.

En vez de polarizar el camino debe ser dialogar, buscar un gran acuerdo nacional para avanzar. Pero que sea un propósito no sólo del presidente sino de su partido que con Álvaro Uribe a la cabeza no hace sino incendiar el país por redes sociales.

*Director de Podcast del Tanque de Pensamiento AlCentro.

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