Por: Cristhian Ladino

El barrio Restrepo, en Bogotá, es uno de los más importantes de la localidad numero 15 de Antonio Nariño y uno de los puntos comerciales más movidos de la ciudad. En él confluyen su famosa plaza de mercado (que data de 1969 durante la alcaldía de Virgilio Barco Vargas), una amplia zona bancaria con varias entidades financieras, comercio de diversos tipos como el almacén Only – que tiene tanta acogida en el sector que tiene dos puntos de venta – otras grandes y pequeñas empresas de confecciones, bares, servicios de todo tipo y como no, una zona en la que se encuentra establecido el sector más emblemático en su actividad comercial: la fabricación y venta de calzado.

Circular por esta zona en un día normal supone encontrarse con un comercio activo y dinámico, ventas formales e informales; sin embargo, en esta cuarentena sus calles son otra: locales cerrados, mercancía guardada, pocos visitantes y la promesa de futura normalidad ligada a lo incierto.

El sector del calzado en el Restrepo es la mejor representación de la integración de la mayoría de los eslabones de una cadena de producción, ya que allí se encuentran desde la venta de materias primas hasta la comercialización de productos terminados. Es decir, son muchas familias que en este momento se encuentran sin trabajar por la situación tan compleja que vivimos.

Don Gildardo, por ejemplo, tiene una fábrica de calzado en el famoso sector de la Valvanera: Ha dedicado toda su vida a un oficio transgeneracional con el cual ha sacado adelante a su familia como hicieron con él sus padres. Pero dado al confinamiento obligatorio, en la actualidad vive de los ahorros que tenía para invertir en material; Don Gildardo me cuenta que es una situación compleja ya que no sabe cuánto más aguantará sosteniendo los gastos del hogar y del negocio, puesto que aunque no funcione como antes, éste sigue “pidiendo” el pago de unos gastos fijos que se causan cada mes. Debe pagar el arriendo, las cuentas a sus proveedores y los salarios de sus empleados que más que eso son parte de su familia, pues la mayoría, lo han acompañado desde que inició como emprendedor en este sector. Cuenta que ya trató de buscar un crédito con varias entidades financieras, pero no ha encontrado aquella que le apruebe ese salvavidas para no tener que dejar de pagar sus deudas ya adquiridas.

Para este momento su situación es incierta, ya que a raíz de la medida del gobierno nacional que permitirá que las empresas manufactureras vuelvan a trabajar, para él y muchos pequeños y medianos empresarios se plantean dos escenarios: El primero como harán para comprar las materias primas, algunas de ellas importadas y poder volver a fabricar calzado si no tiene un apalancamiento financiero de ningún tipo; segundo ¿existirá realmente la demanda del producto, tanto de los clientes grandes como pequeños con quienes comerciaba, como para lograr una reactivación económica a corto plazo?

De acuerdo con Acopi (Asociación Colombiana de Micro, Pequeños y Medianos Empresarios) desde el cese de actividades (17 de marzo) por cuenta del coronavirus, las empresas han gastado $15,7 billones en nómina; sin embargo, dado que la caída ventas e ingresos supera el 76 %, advierten no poder continuar con el sostenimiento de sus trabajadores*. Y tal parece que la crisis para estas empresas seguirá por mucho tiempo, ya que las medidas que hasta ahora las cobijan no han sido suficientes y no han llegado a todos los sectores.

Es necesario que se planteen escenarios que vayan más allá de ofrecer créditos convencionales, que se facilite su desembolso y que involucren todas las variables que afectan a estos renglones de la economía

*Miembro Dirección Gestión de Territorios

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