Por: Juan Pablo Alvarado

El COVID-19, puso en jaque al sector educativo en sus diferentes niveles; profesores, estudiantes, padres de familia y demás actores, nos hemos tenido que repensar nuestro rol a la luz de la adaptabilidad y el dinamismo que nos presenta el mundo.

En primer lugar, repensar, que el aprendizaje es eminentemente humano, aprendemos en diferentes momentos y lugares, y de manera diferenciada; según las interacciones, edad, intereses y motivaciones. Lo anterior implica, que somos sujetos activos en el proceso y que las metodologías de transmisión (aún empleadas en muchas instituciones) deben ser desechadas. En contraste, aquellas basadas en la autonomía y de carácter colaborativo deben ser privilegiadas, al menos, en el escenario digital, al que por gusto o por obligación nos trajo la pandemia. En ese sentido, la virtualidad nos abre un escenario que va más allá de las instituciones formales y de las formas tradicionales en cómo se da el proceso de aprendizaje- enseñanza; pues sensibiliza sobre las particularidades propias y del otro, acerca de las múltiples necesidades, demandas, habilidades y formas de aprender.

Así mismo nos conecta con el mundo, con un sinfín de estrategias, recursos y materiales que están a la espera ser empleados, especialmente en los escenarios con mayores dificultades, entre ellos, los rurales donde la brecha digital asociada a las dificultades de accesibilidad y uso eficiente de las TIC alcanza el 52.2 %1, lo cual, evidencia una de las asimetrías entre el campo y la ciudad, la conectividad; en adicción coloca sobre la mesa, la deuda de adaptar la virtualidad al contexto, teniendo de presente, los talentos, los saberes ancestrales y recursos que poseen las comunidades campesinas acerca de lo agrícola, lo ecológico y lo sustentable.

Por otra parte, cuestiona a los padres, sobre su responsabilidad en conocer, escuchar, orientar y acompañar a sus hijos en su proceso de aprendizaje, el cual en algunos casos por la cotidianidad pasa a un segundo plano y es relegada a terceros; como los docentes, la cuarentena los ha invitado a reflexionar sobre los retos que tienen las personas a quienes delegan la educación de sus hijos diariamente, no solo con ellos, sino hasta con 30 niños más en circunstancias diversas. De igual manera, ha favorecido el repensar la función docente, en el empleo de estrategias para facilitar ambientes de aprendizaje, en muchos casos, exigiéndoles, no solo el desarrollo de competencias técnicas o disciplinares a profundidad, sino a impulsar su creatividad ante las brechas entre la presencialidad y la virtualidad, empleando nuevas formas de contacto, y activando sus habilidades digitales que hasta hace poco para algunos eran percibidas como nulas.

En conclusión, el COVID-19, sacó a la luz, deudas históricas del sector educación, frente a aspectos de calidad y cobertura, las desigualdades del acceso a la educación y los retos individuales y colectivos de los actores sociales presentes en este escenario; desafíos de los cuales, como ciudadanos, y en especial como jóvenes debemos aprender y asumir, para estar a la altura de la oportunidad que nos invita el entorno contemporáneo.

1 Chagüi, R (5 de junio de 2019) Cerrar la brecha digital en las zonas apartadas del país. El Tiempo. Recuperado de: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/ruby-chagui/cerrar-la-brecha-digital-en-las-zonas-apartadas-del-pais-columna-de-ruby-chaguei-371424

*Miembro Dirección Juventudes

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