Por: Felipe Poveda

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Decía mi abuelo “uno es de donde son sus muertos”, pero después de ir y venir por varias ciudades del mundo descubrí que uno es de donde definió sus costumbres.

Disfrute este espacio, lejos de la política y de radicales posturas.
Deje volar su imaginación, olvide por un momento sus deudas, no piense en el trancón, no recuerde la última reunión de propietarios de su edificio, si estornuda no diga que es Coronavirus…

Piense mejor en por qué soy de tal equipo de futbol, por qué escucho tal música, porqué uso Jeans y botas los viernes en la oficina, por qué escucho tal radio, por qué extraña un merengón un domingo, por qué dice que no tiene acento (cuando lo tiene y además es una machera!), por qué le encanta hacer filas hasta para comprar hamburguesas en una época del año, por qué pita en todo el trancón de regreso a casa, por qué compra pan calentano en vez del tajado, por qué cierra todas las ventanas de su apartamento, por qué pasa por el lado del vecino y no saluda, por qué dice “Veci” si ni conoce a los suyos. Pregúntese si estas costumbres son normales o si hacen parte de su actitud bogotana.

Si ya está listo, recorramos juntos Bogotá, la ciudad donde nació o donde llegó a vivir. Reconozca sus espacios, sus esquinas pero sobre todo reconozca esas costumbres que definen esa identidad única, el sentir bogotano.

Del Chirriado al rechimba:

Lejos han quedado aquellos bogotanos de abrigo, sombrero y paraguas. Olvidadas han quedado las expresiones que nos definían como rolos divinamente. Los sabores casi extintos de la changua, la milhoja, el postre de natas y el merengue. ¿A dónde fueron a parar todas esas costumbres que nos definieron como bogotanos? ¿Las tardes grises disiparon en soleadas esquinas? ¿Guardamos el sombrero y el paraguas para ser adictos a las gafas oscuras?

Algunos afirmarán que ser propio de un lugar se logra con el nacimiento, otros discutirán que para ser de un lugar hay que ganarlo y otros simplemente dirán “yo soy de aquí”.

Este es un espacio para reconocer esas acciones repetitivas que se convierten en costumbre y que al hacerlos parte nuestra, lo definimos como Identidad. Bajo la atenta mirada de una ciudad, gris soleada, con gafas y sombrero pero que nos etiqueta como propios de aquí: ¡Bogotanos!

Y no solo el sombrero fue reemplazado por las gafas oscuras, las expresiones tomaron distancia unas de otras. No niegue que siente nostalgia cuando escucha a alguien mayor, sus padres o abuelos decir con elegancia y poca gesticulación: “divinamente, chirriado, sobado, fregado, carachas, caray, chinazo, lloviznita, aguacero el macho, los gamines esos de Millo…, el guache ese de Sant…, peor aún si usted llegó a Bogotá y le dijeron “gente divinamente de tierra caliente”.

Todo eso quedó en el recuerdo, en la mente colectiva de la ciudad. Cada costumbre es a su época como el Renault 12 a paseo de los 80s. La expansión de la ciudad, la adopción de muchas expresiones, extranjerismos hicieron sus aportes a nuevas expresiones. Muchos dicen que esa elegancia cachaca se perdió por la rudeza de la ciudad, quizás sí, quizás no, porque los problemas son similares desde hace varias décadas: movilidad y seguridad.

Si usted siente escalofríos cuando escucha a sus hijos saludarse de “que se dice perrito” imagine lo que sintió su papá cuando le escuchó a usted decir “que hubo marica” o la cara de mi abuelo cuando mi mamá dijo “carajo”.

 

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Bogotá Centro Internacional. Autor Felipe Poveda

Bienvenidos a Bogotá:

Si usted caminó por la carrera 7ma y no sintió una electrizante ciudad frente a usted, déjeme decirle que aún no es bogotano.

De la Bogotá del siglo XX quedan las casas de Palermo y Teusaquillo, algunas panaderías, dos equipos de futbol, Melodía Estéreo y uno que otro bolardo. La ciudad es un ente vivo, que crece, se transforma y crea nuevos escenarios perfectos para cualquier persona que se sorprende con la sencillez de una esquina, una librería, un bar y que en medio del trancón se siente orgulloso de su ciudad.

Es imposible pensar que los movimientos urbanos que regían las décadas pasadas sigan existiendo hoy: coca colos, sardinos, punketos, hipies, metaleros, grunchos, technos, etc. La razón es sencilla, la ciudad creció, nosotros crecimos y nuevas costumbres fueron adaptadas a la ciudad.

De esos tiempos en que literatos y artistas hacían discursos románticos (y muy acartonados) es cada vez más difícil que sigan existiendo. La ciudad tiene nuevas formas de narrativa, mas inclusiva, menos distintiva entre clases y ciudades de origen. El arte incluso salió de la galerías y de los cocteles a las calles y los jóvenes reconocen nuevas corrientes como el Street art en algo muy bogotano. El Graffiti se lavó la cara y se convirtió en una muy social causa artística.

Es muy normal que cualquier persona pueda decir con correcta pronunciación el nombre de su canción favorita en inglés, algo que hace 20 años atrás era casi exclusivo de presentadores de televisión y locutores de radio. La clave: La Movilización y el deseo de Globalización.

Ahora es más común que cualquier persona conozca al menos un país diferente al nuestro y los antiguos paseos de olla a la Sabana y Girardot fueron reemplazados por aventuras playeras, deportes extremos en montañas y ríos y una internacional experiencia hostel.

 

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Poner de acuerdo a los bogotanos es algo que pareciera imposible, diferentes equipos de futbol, diferentes gustos musicales, diferentes sabores gastronómicos, diferente ropa, diferente postura política, diferentes forma de conducir, diferentes puntos de vista de Transmilenio, pero sin lugar a duda una sola cosa nos define realmente como bogotanos: El Frío.

Toda ciudad tiene algo propio que la hace única, su forma de contar las cosas, la forma en que nos desplazamos en medio de ella, las palabras que usamos, los colores que vestimos y obviamente lo que comemos. Pregunte cuantos bogotanos prefieren la changua a una Arepa Venezolana de la esquina del barrio, se sorprendería bastante.

En esa misma pregunta, indague como toman el tinto, como pasamos de la greca al Nespresso, del tinto con panela al Cappuccino.

Somos actores que aportamos a ese sentir ciudadano, participes de la construcción de una nueva Bogotá y diseñadores de lo que será una futura Bogotá.

Diariamente llegan a Bogotá miles de personas provenientes de cualquier punto geográfico del país, migrantes en medio de la crisis venezolana, atraídos por Universidades o la búsqueda de una oportunidad laboral. Todos aportan algo nuevo a la ciudad y finalmente adoptan una particular “actitud Bogotana”.

 

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Que define mi identidad en la ciudad más allá de los rasgos que aunque colectivos nos hagan sentir únicos. Esto solo lo define el sentido de pertenencia; puedo ser de Santafé, de Millonarios, mamerto universitario, militante conservador, rumbero de regaetton, fashionista de Chapinero, escritor de Ciudad Bolívar, Metalero de Galerías, Fotógrafo de la Ciudadela Colsubsidio, filósofo de la Nacho, Galerista de San Felipe, una eminente mujer Trans, un político, una acérrima activista, puedo ser todo lo que quiera en esta ciudad pero lo que nos une es que somos bogotanos, nacidos o llegados, desarrollamos un sentido de pertenencia: soy de aquí, esta es mi casa, este es mi escenario en el cual soy único.

 

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Sienta la nostalgia de una calle bogotana, llena de recuerdos que lo acompañaron en su juventud, su primer concierto, su primera cita, su primera fiesta, cosas positivas que fijaron un momento en un espacio de la ciudad.

Recórralo nuevamente, fije una visión de cómo quisiera seguir viéndolo. Identifique sus problemas y propóngase posibles soluciones, así sea en su utópico pensamiento. Quien quita y más personas piensan igual que usted y algún día ese pensamiento llega a su representante, alcalde, y lo convierta en realidad. Pero lo peor que podríamos hacer es olvidar, decir “yo no vivo por allá, yo no paso más por esa calle, ese no es mi problema”. La indiferencia es la puerta a perder lo nuestro, a dejar atrás nuestra identidad.

Haga el ejercicio, recorra el barrio donde creció. Recuerde eso que en su momento fue clave para el desarrollo de su personalidad y lo que lo definió como parte de una ciudad.

Una vez de vuelta en la realidad, acercándonos a ese concepto de que es ser bogotano, disfrutemos de todo eso que nos hace únicos, que nos acerca como comunidad, tengamos en cuenta lo más importante: Ser Bogotano es ser tolerante, es abrirnos a diferentes universos que conviven en nuestra ciudad, algunos quizás no sean de su simpatía sin embargo deben convivir en el mismo cielo, bajo la blanca estrella que alumbra los Andes.

Texto y fotografías por Felipe Poveda Herrera. Bogotá, Marzo 2020

*Miembro Dirección Gestión de Territorios

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