Por: John Jairo Ocampo Nunca pasó por mi cabeza que Colombia y el mundo entero estuviera encerrado huyendo a un enemigo invisible pero lo suficientemente dañino para la humanidad. Muchas veces cerramos los ojos y nos imaginamos estar en una de esas películas de Hollywood llenas de ficción.
Es una realidad que nos cogió y nos está golpeando a todos sin distingo. Esta crisis no es producto de la coyuntura económica puntual que afectó a un determinado sector como el hipotecario de finales de los 90 en nuestro país, o a las financieras de EU en 2008, o la provocada por el desplome del de los precios del petróleo en 2014.Esta es una pandemia que tiene en jaque al planeta entero y que desde ya avizora una recesión mundial como lo previó el propio Fondo Monetario Internacional. En otras palabras, aquí hay que pensar en un segundo Bretton Woods, el acuerdo firmado para reconstruir la economía después de la segunda guerra mundial.

Ya habrá tiempo de hablar acerca de las medidas que vendrán en el planeta y para Colombia y así salir adelante entre todos.

Por ahora miremos nuestra situación. Es muy loable el interés del Gobierno nacional y local de tender de inmediato la mano a la población más pobre. Nadie va a discutir las bondades y la necesidad del plan de choque para apoyar a esas familias que dependen del rebusque diario, en un país de tanta informalidad, y a todos los beneficiarios de los programas de asistencia social.

También son muchos los anuncios en el sentido de apoyar a las empresas grandes y medianas, para que puedan pasar esta situación y tratar de mantener, por ejemplo, la planta de personal.

Seguro que muchas empresas lo van hacer, pero sin duda los microempresarios y emprendedores van a tener muy difícil la opción de endeudarse para pagar nómina.

Esta crisis no está discriminando, está afectando a toda la sociedad.

De acuerdo con la nueva escala social, en pobreza está el 27% de la población colombiana, vulnerable el 39.8%, clase media 30.8% y clase alta 2.4%, lo que significa que el grueso de la población está en la mitad de la tabla.

No sólo los extremos, es decir, los pobres y los empresarios, pueden ser los beneficiarios de los programas del gobierno nacional y los mandatarios territoriales. Las ayudas no pueden quedarse en los estratos 1 y 2 o en el nivel empresarial, que de por sí, goza de grandes beneficios tributarios.

Así las cosas, aspectos como tarifas de servicios públicos, pago de impuestos y valorizaciones, estabilidad laboral y subsidios deben tener en cuenta a esa clase media y media alta de estratos 3, 4 y 5 que están sintiendo con rigor los efectos de la crisis.

Por ejemplo, un emprendedor que tiene un pequeño negocio, que ni siquiera clasifica como pyme, completará un mes sin poder abrir su establecimiento, debe pagar arriendo , proveedores y los dos o tres empelados que tiene.

¿Como hace el dueño de un salón de belleza, una papelería o una miscelánea, de un barrio que debe pagar un arriendo de 2 ó 3 millones de pesos por un local, tiene 5 empleados, paga servicios públicos y va a completar un mes sin atender público?

¿Qué pasará con ese propietario del local o la vivienda al que no le pagan el arriendo y del cual sustenta su ingreso familiar?

Y ni que hablar de las personas dedicadas al montaje de eventos, asesorías profesionales, consultorías y servicios especiales que han visto cómo en el último mes han cancelado todos los contratos porque se derrumbaron los proyectos.

Cómo estos hay muchos ejemplos, hay miles y miles de casos en todos los sectores de la economía.

Para este tipo de personas, a excepción de los alivios de algunos bancos que aplazan el problema y de algunos municipios y departamentos que simplemente corrieron el plazo para pagar impuestos, no hay ningún plan concreto del gobierno.

Los casos mencionados no clasifican ni en los niveles más pobres de población que reciben todo tipo de apoyos ni tampoco son empresarios que reciben otros alivios.

¡La crisis está golpeando a todos y todos necesitan apoyo! #ConTodoRespeto devolución del IVA a los más pobres se convierte en la cuota inicial de la próxima reforma tributaria que gravará con ese impuesto toda la canasta familiar y que ha sido la obsesión desde hace más de 15 años del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

*Director Medios de Comunicación y Opinión Pública

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