Por: Alejandro Sáenz  

Colombia cuenta con inmensas oportunidades para impulsar el sector agropecuario, pues dispone de los recursos para ello. El país posee una frontera agrícola de más de 40 millones de hectáreas, siendo catalogado como el sexto país con mayor riqueza hídrica a nivel mundial, su población en el campo corresponde cerca del 30% de la población nacional. Lo anterior motivó a la FAO a nombrar a Colombia como uno de los 7 países con mayor capacidad de ayudar a la seguridad alimentaria mundial. 

Hoy en día, el Estado tiene una deuda histórica con la ruralidad, atribuida a la debilidad de las políticas públicas y de su presencia en estas regiones. Frente a esta realidad, es innegable que el futuro del país y del agro van de la mano; para lo cual es necesario repensar el modelo de desarrollo y adoptar una política agroindustrial, empresarial e incluyente, que se traduzca en políticas estables que propicien la formalidad y la generación de valor compartido. Esto traerá desarrollo, progreso y competitividad en el campo lo cual nos llevará a una anhelada paz donde toda la población nacional se beneficiará.

Los retos del sector tales como un campo con una visión de mercado, seguridad jurídica, despolitización de las entidades, infraestructura, crédito como herramienta de transformación y constante innovación están sobre diagnosticado. Por consiguiente, elnuevo modelo de desarrollo y la política que será planteada requiere como mayor reto un cambio de mentalidad. Es necesaria una mentalidad empresarial que lleve al sector agropecuario colombiano a un sector más productivo y sostenible.

El mundo de hoy requiere una nueva generación de productores capaces de migrar de métodos tradicionales a una agricultura profesional, con la cual se alcancen estándares económicos, sociales y sostenibles de producción. Es por esa razón, que desde Saenz Fetyfomentamos una versión 2.0 del productor, en donde este sea un micro empresario, donde las decisiones se tomen con base a números y no al ojímetro y se reconozca el tamaño del productor no necesariamente por la cantidad de hectáreas que tiene, sino por lo competitivo y sostenible que logra ser produciendo más con menos.  

Cuando los productores alcanzan tasas de crecimiento en su productividad cada vez más altas y sostenidas, se genera un círculo virtuoso con externalidades positivas para la sociedad. Al ser más eficiente, el productor tiene menores costos y mayores ganancias; sus trabajadores logran obtener un empleo de más calidad y mejor remunerado; el consumidor consigue mejores productos a un menor precio; el Gobierno puede recaudar más impuestos para financiar el gasto público y la inversión, y en términos ambientales se generan beneficios por producir lo mismo o más con menos insumos. Ese es el círculo virtuoso que promoveremos, aquel de un mejor agro.

En primer lugar, debemos tener una visión más amplia de lo que es el agro, ya que este se puede vincular con turismo, protección y sobre todo gastronomía. Es cierto que a través del agro producimos alimentos y ahí debemos enfocar las políticas, pero el agro es mucho más que eso, el agro es realmente una farmacia natural en donde los alimentos deben ser la medicina y la medicina los alimentos. Lo anterior significa que a través del agro estamos promoviendo salud y por consiguiente gran parte de las baterías del Estado deben estar enfocadas en este sector que en un futuro proporcionará un 20% – 25% de los ingresos del PIB. Esa es la vocación real del país y debemos aprovecharla y promoverla para obtener desarrollo y progreso en nuestro campo. 

Ahora bien, ¿cómo lograr eso? En la parte macro existen los siguientes grandes retos. El primero de ellos es tener seguridad jurídica para tener certeza de esos predios donde se desarrollarán los proyectos. Lo segundo es tener el crédito como herramienta real de transformación en donde se financien los proyectos productivos más no los sujetos que pidan los créditos. Tercero, el fortalecimiento de la infraestructura es vital para mejorar la competitividad de los productos del campo. Cuarto, y parte fundamental de esa nueva visión es tener una gobernanza adecuada de las instituciones públicas adscritas al ministerio de agricultura.

Instituciones como el ICA son una piedra angular del desarrollo del campo y no pueden estar sujetas a fortines políticos del gobierno de turno. Ejemplos de esa gobernanza en sus instituciones homólogas tales como el SENASA en Perú prueban que es posible. El quinto punto es la innovación, innovación en todos los aspectos, desde los insumos que se utilizan para producir como los modelos productivos utilizados.  

Los insumos, o mejor llamadas herramientas para producir deben estar al alcance de los productores, ya que es a través de ellos y su buen uso es que se logra el aumento de la productividad. Adicionalmente, es a través de esos insumos que podremos producir conservando y conservar produciendo. Con insumos adecuados y de buena calidad, podremos conectar mercados de nuevos productos alimenticios a los productores, debido a que cada vez los consumidores son más conscientes y exigentes con lo que comen. Eso implica transferir a los productores las nuevas tecnologías de agricultura de precisión a través de la extensión de conocimiento para asi poder mitigar los efectos del cambio climático y apuntarle a una sostenibilidad ambiental.

El nuevo modelo propondrá la inclusión de pequeños productores, respetando sus culturas, pero brindando la asistencia técnica y transformación de prácticas para alcanzar mayor productividad, inserción y permanencia en mercados cada vez más exigentes.

Creemos en una visión agro-empresarial, de pequeña, mediana y gran escala según cada contexto, y por eso trabajaremos y apoyaremos a la cadena desde todos los ángulos. Se trata de la profesionalización e industrialización del sector del agro, incluyendo la institucionalidad pública, que aporte de manera creciente al desarrollo de las regiones. Que dicha actividad genere una dinámica empresarial, empleos formales, inversiones en tecnología, rentabilidad y divisas, desarrollo de infraestructura, servicios públicos, y una vida digna para la población de pequeños productores. 

El propósito de este modelo es la transformación del campo colombiano a un agro más sostenible, más rentable, más productivo, más empresarial. El agro debe ser intensivo en conocimiento en dos vías, desde el productor y desde el consumidor. Para eso los centros de investigación de Agrosavia y la Agencia de Desarrollo Rural serán los vehículos para divulgar el conocimiento, por medio de visitas técnicas, charlas, seminarios, días de campo, jornadas de capacitación, foros, webinars etc.

El compromiso de Saenz Fety con Colombia es transmitir nuevas prácticas de cultivo que se basen en una relación de beneficio mutuo para los productores, la academia y la empresa. El contacto diario con los productores ayudará al país en su conjunto a ser más productivo y en el futuro a ser una despensa para el mundo, pues tenemos las condiciones climáticas y también la posición geográfica que permite distribuir los productos en todo el mundo.  

La cadena alimenticia contiene muchos jugadores diferentes. Para crear un desarrollo sostenible en el sector agrícola en Colombia, el desarrollo es necesario a lo largo de toda la cadena. Principalmente, mejorando la cantidad y la calidad en producción y, por lo tanto, colocando demandas más altas a lo largo de la cadena. Al implementar tecnologías más avanzadas, mostrándolas y enseñándolas, los niveles de producción de los agricultores aumentarán; la calidad del producto aumentará; sus negocios crecerán; el consumo colombiano de vegetales aumentará y se abrirán nuevos mercados. Al final, al crear valor compartido, no solo se obtiene el beneficio conjunto, sino lo más importante, la comunidad se beneficia. Esto dará como resultado un ciclo continuo en el que la comunidad se beneficia de las nuevas tecnologías que ofrece este nuevo modelo. 

La idea es producir un producto seguro y de alta calidad que cree un equilibrio perfecto entre el consumidor y el productor; la transferencia de conocimiento ayudará a que la producción y el mercado de frutas y verduras en Colombia se vuelvan más profesionales y especializados, abriendo la oportunidad inmediata de introducir nuevos productos para el consumo local y la exportación a mediano y largo plazo. También ayudará al país a tener más y mejor comida a precios competitivos debido al aumento en la producción. 

En conclusión, un mejor agro nos traerá progreso, desarrollo sostenible y paz. Algo tan anhelado para nuestro país pero que solo se logrará con un cambio de mentalidad en donde la tecnología debe vencer cualquier ideología y donde el trabajo en conjunto entre Estado, academia, empresa privada y comunidades debe ser la piedra angular de la estrategia.

*Columna Invitado

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