Industria del Cannabis: Un ejemplo de resiliencia y adaptabilidad en medio de la pandemia.

Industria del Cannabis: Un ejemplo de resiliencia y adaptabilidad en medio de la pandemia.

Por: Juan Camilo Vargas

Es apasionante observar cómo los diferentes países que han dado la apuesta por el cannabis trabajan incansablemente en medio de una pandemia global por avanzar hacia una industria regulada, controlada, con aporte económico, pero sobre todo con impacto significativo en la vida de las personas. 

Es ahí donde debemos centrar toda nuestra atención, en la posibilidad que ofrece el cannabis para mejorar considerablemente la calidad de vida de las personas, resaltando que en plena pandemia, los diferentes gobiernos reconocieron el efecto terapéutico de la planta y le otorgaron estatus de industria esencial – a la par de los alimentos -, gracias a su potencial efecto contra la ansiedad causada por el confinamiento.

Este año que culmina tuve el inmenso privilegio de ser invitado como conferencista a diferentes eventos nacionales e internacionales de la industria del cannabis, algunos de ellos fueron el Prohibition Partners Live, el Global Cannabis Intelligence Summit; fui también invitado al evento anual del Canadian Council for the Americas de Alberta y al Diálogo Canadá Colombia organizado por la Cámara de Comercio Colombo Canadiense, entre otros.

Debo decir que quedé gratamente sorprendido del nivel de calidad con el que fueron organizadas estas conferencias debido a las limitaciones generadas por la pandemia y en este sentido quisiera compartir con ustedes algunos hitos importantes en el ámbito global y local:

  • MORE (Marijuana Opportunity Reinvestment and Expungement Act): La Cámara de Representantes de los Estados Unidos pasó una ley que busca poner fin a la prohibición federal de la marihuana en el país del norte. Una prohibición que, de ser levantada, aliviaría gran parte de los problemas que la industria vive hoy día como lo es la apertura del canal cambiario.

Aunque podría decirse que es un acto simbólico hasta tanto no se dé un voto conjunto con el Senado, – controlado mayoritariamente por los Republicanos – no deja de ser un hito y un argumento más para que el Gobierno Norteamericano avance hacia el anhelado sueño de tener una legalización federal, más ahora que el líder demócrata Joe Biden llega al poder y ha mostrado junto con Kamala Harris un apoyo decidido a esta industria. 

De igual forma, las elecciones presidenciales de noviembre dejan una industria más parada con la aprobación de la marihuana recreativa o medicinal en 5 nuevos estados (AZ, MS, SD, MT, NJ). 

  • Naciones Unidas (ONU): En una votación reñida, La Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas atendió las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y eliminó el cannabis de la lista IV, reconociendo su “potencial” terapéutico en la salud humana. 

En otras palabras, esta recomendación allana un camino para la investigación y la evidencia científica del cannabis con fines medicinales, lo que sin duda es un respaldo significativo que permitirá tener un soporte legal para continuar con la investigación de la planta que les permita a los gobiernos tener más argumentos para su legalización.

  • Inversión en crecimiento y nuevos jugadores en LATAM: De acuerdo con Prohibition Partners, Latinoamérica y el Caribe pasó de recibir USD 400 millones en capital de riesgo en 2016, a más de USD 4.000 millones en el 2019. 

Seguramente en 2020 veremos un retroceso en los flujos de capital, pero con otras formas de inversión vía fusiones y adquisiciones en 2021; sin embargo, no deja de ser llamativo que nuevos actores como Perú, Ecuador, Argentina y Costa Rica quieran entrar a competir en un sector que fue considerado esencial en la mayoría de los países en medio de la pandemia. De igual forma, México y Brasil estarían cerca de pasar regulaciones claves que aumentarían significamente el tamaño de mercado regional tanto en oferta como en demanda. 

Con relación al cannabis y su reconocimiento como sector esencial en medio de la pandemia, queda el reto adicional de que las compañías exitosas tengan la capacidad de integrarse en cadenas globales de abastecimiento sin pretender controlar todo el proceso con una sola empresa, sino por el contrario enfocarse en sus propias capacidades y hacer uso de las alianzas estratégicas.

  • Efecto anticipado del COVID: Nuevas e innovadoras formas de acceder a productos a base de cannabis siempre fueron necesarias, sin embargo, el COVID anticipó este proceso aceleradamente. 

En este sentido, el acceso al cannabis y sus derivados de manera remota debe ser ágil, seguro y controlado y es aquí donde la tecnología entró a jugar un papel determinante para que los usuarios con el menor contacto posible, pudiera acceder al cannabis y así mismo para que las empresas estén en la misma capacidad de mantener su cadena de producción y abastecimiento con el menor contacto posible y sin demoras.

El uso de la tecnología de manera remota no solo aplica para la venta per se, aplica incluso desde el mismo el cultivo. Por ejemplo, en Colombia la empresa Sierra Genetics, junto con un aliado estratégico, están haciendo seguimiento genético mediante un panel de marcadores específicos desarrollados mediante códigos de barras individuales para permitir la trazabilidad y autenticidad de los cultivares de cannabis en tiempo real. Este tipo de variables son las que los inversionistas empezarán a ver con mayor atención en 2021.

  • Más y nuevos usos del cannabis: Durante este año particularmente se empezó a hablar con gran entusiasmo de otros cannabinoides como el CBG y CBN que, aunque gozan de menos popularidad, también tienen propiedades para el manejo de diferentes patologías. 

Si bien debemos culminar con éxito la consolidación del mercado del CBD y sobre todo del THC, es importante considerar nuevos beneficios de la planta que permitan diversificar el portafolio de negocios en tanto que muchas empresas se están enfocando en lo mismo.

Similar sucede con la promisoria industria de alimentos y bebidas y su potencial con el cannabis como materia prima o ingrediente. Nuevas experiencias y formas de consumo serán los determinantes en el cliente, en donde nuevamente la integración de cadenas de valor es indispensable. Canadá es un buen ejemplo de esto en donde gran parte de las cervecerías locales han incursionado en la industria del cannabis a través de diferentes licenciatarios.

En lo que respecta a Colombia, el reto principal sigue siendo el acceso a mercado atado a la imperiosa necesidad de monetizar inversiones realizadas hace más de 4 años. Involuntariamente el mercado local se ha ido volcando hacia el CBD por tener menor restricciones en su manejo y comercialización y es así como también han proliferado empresas de cosméticos en donde también existe la necesidad de educar al consumidor y hacerle entender cuál es el verdadero valor de sus “claims”, de lo contrario habrán perdido su apuesta por este nicho de mercado.

De otro lado, sigo creyendo que el verdadero lucro de esta industria estará en dos nichos de mercado: el primero, los medicamentos con concentraciones de THC superiores al 1 % ya que es ahí donde Colombia puede añadir valor y reclamar la tan anhelada industria farmacéutica que inspira la Ley 1787, y segundo, en el cannabis de uso adulto o recreativo, debate que aún no arranca con firmeza en el país y que tardará un tiempo para que se dé, hasta tanto no haya un consenso político alrededor del consumo.

Hoy con más de 1.000 licenciatarios, y solamente 22 compañías con cultivares registrados, sigo creyendo que a diferencia de las clásicas industrias emergentes, la industria del cannabis requiere la inversión de capital considerable desde el momento cero, lo cual pone a la delantera a las empresas que tienen orientación de mercado mediante sellos y certificaciones donde obligatoriamente deben verse como empresas farmacéuticas no meramente agrícolas.

Y aquí es importante mencionar la necesidad de las empresas por mostrar facturación que les genere caja para solventar las operaciones en cultivo. Sin entrar en asuntos políticos, si Colombia como país tomó la decisión de llevar la delantera en esta industria, debe continuar desarrollando con innovación una regulación acorde a los cambios constantes y drásticos que se ven en el ámbito mundial, de lo contrario nos habremos quedado únicamente con proyecciones económicas que nunca llegarán a tener impacto.

En línea con lo anterior, quiero dejar tres retos importantes para solucionar en esta industria en el corto plazo: Primero, la obligatoriedad de flexibilizar la reglamentación y adaptarla al ritmo de lo que sucede en el mundo y sobre todo en la región con nuestros competidores; dos, continuar los esfuerzos de educación mediante una estrategia conjunta de la industria, gobierno y academia; y tercero; la creación de una hoja de ruta para la apertura de mercados internacionales vía aprovechamiento de TLC´s.

Finalmente, quiero resaltar con entusiasmo la creación de la asociación Procanacol en cabeza de Juan Manuel Galán, al tener un enfoque holístico hacia la industria del cannabis y así acompañar su implementación y desarrollo desde las diferentes perspectivas como la política, social, cultural y sobre todo la científica.

Bienvenido 2021.

*Columnista Invitado – Socio en VT Investors.

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Industria del Cannabis: Un ejemplo de resiliencia y adaptabilidad en medio de la pandemia.

El centro: el valor de las ideas

Por: Daniel Quiroga, María Paz Martínez y Valeria Donado

Nos juntamos 3 politólogos de diferentes edades, especialidades y orígenes. Una barranquillera, una caleña y un bogotano a hacernos una pregunta que varios afirman últimamente, ¿El centro existe?  

Ante esta inquietud decidimos escribir este texto para explicarle a nuestros lectores porque el Centro existe. Debemos empezar afirmando, que es triste oír a colegas discutiendo si hay o no espacio para el centro dentro de la teoría política. Se lo espera de políticos que buscan deslegitimar candidatos que no se radicalizan como parte de una estrategia electoral, pero no a quienes estudian la teoría política. Aquellos que sólo ven izquierda y derecha sufren de algo que se podría denominar “ceguera dogmática”. Esta impide ver los matices ideológicos existentes. 

Cuando nos remitimos a la ideología política, debemos hacer referencia al lugar donde se sentaban las distintas facciones durante la Asamblea Nacional Constituyente en la Revolución Francesa. Desde ahí el mundo ha evolucionado. Hoy las causas y los derechos son otros y sin duda, los problemas nacionales e individuales también lo son. Ante estos nuevos retos, ¿insistimos en decir que todo debe ser blanco y negro? NO, el mundo está lleno de matices. 

El espectro político no es más que una forma de ordenar gráficamente a los grupos y facciones con respecto a ejes conceptuales. Desde hace muchos años se ha venido replanteando la idea de un espectro político unidimensional (derecha-izquierda) y se han adoptado formas que muestren mejor la complejidad de la realidad. Por eso, hoy vemos espectros que tienen distintos ejes y dimensiones en los que los conceptos de los ejes son el grado de libertad positiva/libertad negativa, el grado de urbanidad/ruralidad o el grado de multiculturalismo/nacionalismo. 

No existe un solo espectro político y estos se transformarán de acuerdo con los debates que se den en las sociedades y los clivajes que surjan. Existe gran diversidad de ideas, por lo que parece ingenuo intentar catalogarlo todo en los conceptos de derecha o izquierda. Al final más allá de los conceptos teóricos lo importante son las personas, sus ideas y sus valores.

La incapacidad de los conceptos como “izquierda” o “derecha” para explicar y solucionar problemas cotidianos hace que personas alrededor del mundo busquen más que una ideología para sentirse representados. En Colombia un gran número de personas han venido consolidando el centro. Este centro tendrá tendencias de derecha o de izquierda y sin duda puede también tener diferentes preferencias.

Actualmente, los sectores que se autodenominan de derecha y de izquierda atacan al centro diciendo que no existe, pero en época electoral son los votantes de centro, a los que intentan conquistar para ganar el poder. El centro no existe para los ciegos dogmáticos. Hasta que les es útil. 

Ningún candidato podrá ganar la presidencia en Colombia sin el centro. Se vio claro en las elecciones pasadas que por miedo a la derecha hubo votantes de centro que migraron a la izquierda. Lo mismo pasó a la inversa y el miedo a la izquierda hizo a muchos votar por el candidato de derecha. Esta polarización trae réditos políticos para los extremos quienes buscan generar nuevamente este fenómeno. Sin embargo, es cada vez más claro que los colombianos pertenecen al centro como lo indica la última encuesta de Cifras y Conceptos que afirma que el 53% de los colombianos se consideran de centro, el 23% de izquierda y el 24% de derecha.  

Colombia no es el único que pasa por este debate. La política del señalamiento y no de las propuestas es un virus incluso peor que la pandemia que hemos vivido este año. A medida que pasan los años, olvidamos como durante el siglo XX las ideologías radicales llevaron al mundo a un peligroso punto de difícil retorno. 

Hoy vemos como esas ideologías renacen en Europa y Estados Unidos e impulsan un discurso basado en los estigmas y no en las ideas. Quienes tanto critican al centro es porque basan su política en el señalamiento del otro y terminan por deteriorar el tejido social de sus países, yendo en contra del pluralismo, la diversidad y la inclusión. 

Hay un gran problema con las personas que llegan al poder con estas tendencias tan marcadas: cuando gobiernan están más preocupados por mantener felices a su base y no “traicionarlos”, en vez de gobernar para todo un país. Es difícil ver en Colombia a alguien que gane la presidencia en una primera vuelta, lo que implica que no tendrá un amplio mandato y que quienes lo eligieron en una segunda vuelta lo hacen por consensos. Es ahí el primer error de los políticos, algo que ha sufrido el actual presidente Duque. Creyó que los 10 millones de votos eran de él y ha gobernado para una facción del país, no para la nación. Los problemas del país no son de derecha o izquierda y muchos no nos sentimos representados en los extremos, sus visiones y formas de ver el mundo.

Como sociedad debemos darnos la oportunidad que el centro exista y que sea una alternativa para terminar con la polarización en Colombia. Debemos cuidar que esta oportunidad pueda existir en un país en donde las ideas de centro todavía están en construcción, pero que aporta a la cultura política e incentiva los debates que nuestro país debe dar bajo la premisa de los argumentos y el respeto. 

No podemos permitir que los grupos radicalizados que han vivido de la polarización nos priven de la oportunidad de darle un giro político a nuestro país. Ellos tienen razones para querer evitar la consolidación del centro. En la reciente encuesta de Invamer, los candidatos de centro representan el 43% de la intención de voto en el país para el 2022 y cuando las encuestas únicamente proponen tres candidatos, el centro logra entre el 36% y el 45% de la intención de voto. El centro existe, y puede llevarse las próximas elecciones presidenciales. 

Más que comenzar la campaña de 2022, debemos saber leer al electorado colombiano. Es la tarea de todos quienes participamos en el ejercicio democrático continuar trabajando por una ciudadanía informada y consciente y entender que, entre menos creamos en el centro, más espacio tiene la polarización. 

Quisiéramos terminar esta columna con la reflexión del debate que Colombia merece: un debate que no se base en el discurso del odio, sino en la construcción de las ideas. Un debate que no excluya, sino que invite a la ciudadanía a involucrarse y participar. Un debate donde los políticos no saquen provecho de la demagogia y no desconozcan otras fuerzas. Un debate donde se impongan los argumentos. El deber de construir el centro es nuestro, no dejemos que lo destruyan.

*Daniel Quiroga-Director de Asuntos Públicos y Buen Gobierno

*María Paz Martínez-Subdirectora de Comunicación Política

*Valeria Donado-Columnista Invitada

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¿La mata que mata? La marihuana de cara a la reactivación económica.

Por: Juan Baena

El sector del cannabis medicinal y cosméticos se está convirtiendo en una de las alternativas más viables para la reactivación económica en el país debido a la expansión del mercado y la tendencia mundial de crecimiento que se traduce en inversión y generación de empleo.


Fuente:
https://www.dinero.com/edicion-impresa/caratula/articulo/asi-crece-el-prospero-negocio-del-c
annabis-en-colombia/266780

Nadie, ni la pasada Ley de Financiamiento, ni la Reforma Tributaria (Ley de Crecimiento Económico) contemplaron que el país viviría una de las épocas más difíciles en términos económicos durante el 2020 debido a la pandemia. No solo los grandes inversionistas se vieron afectados, también las pequeñas y medianas empresas que no lograron superar la crisis.

Últimamente he venido hablando en mis redes sociales sobre el cannabis medicinal y cosmético, conociendo diferentes puntos de vista por medio de encuestas y publicaciones. Esto con el fin de generar una conversación abierta con la ciudadanía y buscar la mejor solución ante uno de los mercados de mayor proyección para los próximos años.

Mientras en Estados Unidos son ya varios los estados que aprueban el uso medicinal y de consumo adulto del cannabis, aquí nuestros congresistas, en su mayoría, se rehúsan a dar el debate como sucedió el mes pasado y continúan cerrados al prohibicionismo, pero el mundo cambia de perspectiva.

Según Fedesarrollo en el año 2019, el sector productivo del cannabis medicinal y cosmético pasó de alrededor de 100 toneladas de cultivos en el 2015 a un poco más de 400 toneladas en el 2017 a nivel mundial. En Colombia, este panorama no cambia, lo que podría traducirse en generación de
empleo, expansión del mercado e inversión a gran escala, que podríamos estar desaprovechando, de continuar con un terco prohibicionismo sin fundamento científico o mal ponderado.

En el concejo de Bogotá, como abanderado de la innovación y el emprendimiento, estoy trabajando para que la Administración Distrital implemente acciones que contribuyan a no dejar pasar esta oportunidad, con estrategias que busquen la bancarización, el acceso a crédito para pymes y mipymes del sector, implementar campañas de sensibilización tanto a la ciudadanía como a la fuerza pública, debido a la estigmatización del sector que termina perjudicando a los productores, fortalecer las capacidades productivas y desarrollar investigación en innovación dentro del sector de cannabis medicinal y cosmético.

Es evidente que este es un sector con mucho potencial para disminuir la brecha de desempleo en colombia, pues según Fedesarrollo en el 2019 se generaron alrededor de 1500 empleos, se espera que para el año 2025 haya 12.031 y para el 2030 haya 41.748 puestos de trabajo.

Tratar una variedad de problemas médicos se ha convertido en un logro para la sociedad científica, pues luego de varios estudios e investigaciones, se determinó que el cannabis puede tratar algunas enfermedades tales como esclerosis múltiple, artritis, epilepsia, glaucoma, VIH, dolor crónico, la enfermedad de Alzheimer, algunos tipos de cáncer, entre otros.

Esta es una muestra clara de que la marihuana no es la mata que mata, que nos hemos enfocado a regular la marihuana como droga y no como medicina, pues los mayores esfuerzos de la sociedad colombiana ha centrado su interés en el control del abuso como sustancia psicoactiva y poco esfuerzo hemos hecho como sociedad para investigar sus atributos que benefician la salud de las personas.

Por esta y muchas razones, es importante que en Bogotá junto con el departamento de Cundinamarca, trabajen de cara a uno de los sectores de mayor proyección económica del país. Cundinamarca como uno de los mayores cultivadores de cannabis y Bogotá con una gran infraestructura en laboratorios para su procesamiento.

*Columnista Invitado

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Las startups en la contratación pública

Por: Gustavo Hernández

Mediante la innovación y la creatividad las startups han buscado, a partir de una plataforma tecnológica, solucionar problemáticas comunes. Son emprendimientos con potencial de crecimiento exponencial, que por lo general buscan su retribución por medio de la masificación de sus servicios. Por los beneficios que estos suponen, sería útil contar con un ambiente propicio para que participen en la solución de problemáticas relacionadas con el servicio público.

En Colombia hay ejemplos de cómo algunas startups han logrado, en coordinación con la administración pública, contribuir en la prestación del servicio público. Uno de estos es Moovit: una startup que, por medio de una aplicación, le apostó a mejorar el transporte público en Bogotá al otorgar información y planeación de las rutas. El éxito de Moovit se dio por la complejidad del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), que pudo apoyarse en la aplicación para ofrecer un servicio más amigable al usuario. Actualmente, Bogotá y Barranquilla – ciudades en que se encuentra presente Moovit en Colombia – representan el 8.7% de los usuarios que semanalmente utilizan la aplicación, que ya cuenta con más de 800 millones a nivel global. Para un sistema de transporte como el de Bogotá, que movilizó antes de la pandemia 2.5 millones de personas diariamente, podría considerarse que una gran mayoría de los usarios del sistema acuden a la aplicación para planear sus rutas. A Moovit se le atribuye que mejoró la satisfacción de los usuarios en un 70% y redujo la percepción de complejidad del sistema en un 50%, según YanHaas. No obstante lo anterior, la alianza entre la aplicación y el Distrito no tuvo costos, ni se contempló en la estructuración del SITP.

Otro caso que vale la pena mencionar es el acuerdo entre la startup Truora con el Gobierno Nacional y con la administración de Barranquilla para el registro de las personas que se encuentran dentro de las excepciones contempladas en las normas sobre aislamiento preventivo. La plataforma permitió que los particulares que deban ejecutar actividades exceptuadas se inscriban, de tal forma que las autoridades puedan verificar la información. 

Aun cuando se han presentado acuerdos como los anteriores entre startups y la administración, existen otras formas en que estos emprendimientos podrían contribuir a solucionar problemáticas del servicio público. Por ejemplo, estos podrían participar en procesos de selección públicos, tener un rol más activo en la estructuración de proyectos de infraestructura e, incluso, ser originadores de APPs de iniciativa privada. En todo caso, para que eso ocurra será necesario implementar medidas que mitiguen las barreras que actualmente dificultan la vinculación de las startups en estos mecanismos de contratación. 

En el caso de procesos de selección públicos existen una serie de requisitos habilitantes, que pueden convertirse en barreras para que las startups participen. Así, es posible que su bajo índice de formalidad sea un obstáculo para acreditar el requisito de la capacidad jurídica. Igualmente, debido a su estructura de ingresos y costos, la forma en que se conciben estos negocios podría no estar acorde con los índices de capacidad financiera y organizacional que suelen solicitarse en los procesos de selección. Además, dichos emprendimientos podrían presentar dificultades al momento de solicitar apalancamiento financiero y pólizas de seguros.

Por otro lado, sería importante promover la participación de startups en la estructuración de proyectos de infraestructura. Ello permitiría que desde la concepción del proyecto se prevea el aporte que pueden suponer estos emprendimientos, al generar una mayor eficiencia entre los esfuerzos del sector público y privado. El caso de Moovit representa una lección para el futuro, en la medida en que la contribución de esta aplicación no se tuvo en cuenta al estructurar el proyecto y, durante la implementación del SITP, supuso un beneficio importante para este.

Finalmente, sería deseable que las startups pudiesen fungir como originadores de APPs de iniciativa privada. En este esquema el particular (originador) estructura y propone un proyecto que el ente público evalúa en dos etapas (prefacibilidad y factibilidad) y, de ser aprobado, este sería ejecutado. Es un mecanismo que, además de contar con las barreras enunciadas para la contratación de startups vía procesos de selección públicos, supone el reto adicional de ser un procedimiento costoso y demorado. De superarse estos obstáculos, las APPs de iniciativa privada podrían ser utilizadas para desarrollar proyectos del sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones, para lo cual hubo un avance normativo mediante el Decreto 1974 de 2019. 

Si bien algunas de las barreras a las que se enfrentan las startups tienen un origen normativo, ello no es un impedimento para que las entidades públicas las tengan en cuenta en sus procesos de contratación. El conocimiento de las características de las startups mediante estudios del sector permitiría la planeación de procesos de selección que propicien la participación de estos emprendimientos como contratistas o como colaboradores mediante convenios y acuerdos marco. Con el incentivo correcto las startups podrían involucrarse en la prestación de servicios públicos mediante los mecanismos anunciados, sobre todo si se tiene en cuenta que en muchas ocasiones no persiguen una contraprestación directa de la administración pública. En su lugar, buscan una plataforma que pueda llegar a un gran número de personas, generar recursos vía publicidad o tener exclusividad en relación con el servicio que prestan. 

Aun cuando en el país hay antecedentes en los que startups se han involucrado en la prestación del servicio público, como los mencionados anteriormente, existen varias actividades en las que una mayor participación de las startups generaría beneficios para los ciudadanos. Puede pensarse, por ejemplo, en la seguridad vial, la conectividad, el saneamiento básico, los modos alternativos de transporte público (como patinetas y bicicletas), la salud, la educación, las energías renovables, el parqueo en vía y los sistemas portuarios. En este último caso existe un antecedente internacional importante que vale la pena resaltar: en el puerto de Brisbane (Australia), en conjunto con DHI y Force Technology, se ha implementado un software que pronostica las condiciones ambientales, lo que ha generado mayor capacidad del puerto, así como eficiencias en el dragado. 

De la misma manera en que plataformas como Rappi, Uber, Spotify o Airbnb generaron soluciones a problemáticas del común, se debe propiciar que startups similares puedan hacerlo con aquellas inherentes al servicio público. Indudablemente la prestación de dichos servicios por emprendimientos tecnológicos y, en general, el relacionamiento de entidades públicas con particulares presenta retos que conviene revisar para que se generen ambientes propicios de inversión en startups. 

 

*Columnista Invitado

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¿Cómo funcionan las elecciones en Estados Unidos?

Por: Alejandro Medina

Hoy Estados Unidos elige un nuevo presidente #Elecciones2020, sin embargo sabemos lo complicado que puede ser entender su sistema electoral. Por eso, Alejandro Medina, columnista invitado, nos cuenta en pocos minutos cómo se elige presidente en este país.

*Columnista Invitado

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SIC sanciona a Rappi

Por: Sadi Contreras Fuset

NI MUCHO QUE QUEME EL SANTO NI TAN POCO QUE NO LO ALUMBRE.

La Superintendencia de Industria y Comercio multó por estos días a la empresa RAPPI por considerar, en 11 acápites, que viola las normas de protección al consumidor, la información mínima, la información pública de precios, publicidad engañosa, la disponibilidad de vueltas correctas y cláusulas abusivas en los términos y condiciones aceptados por usuarios y negocios.

Las plataformas de intermediación o de economía colaborativa se conciben como aquellas que permiten el contacto transaccional entre el negocio que oferta bienes o servicios y el usuario o comprador final de los mismos. Bajo ese precepto debe suponerse que no intervienen en la oferta de bienes o servicios porque se convertirían de inmediato en vendedores o prestadores de servicios, característica transaccional que los transformaría en empresas que para su ejercicio deben cumplir con la normatividad vigente en el país en materias tributaria, de habilitación según sea el caso, comercial, laboral y de protección al consumidor.

Dicho lo anterior las plataformas de intermediación o economía colaborativa cumplen su papel con la sola facilitación de conexión entre el ofertante y el comprador actuando como empresas de tecnología, pero sin incursionar o participar de manera alguna en ofrecer la prestación de un servicio o venta de un bien a nombre de la APP, establecer una tarifa para tal fin, captar y administrar dinero con los pagos realizados por el usuario final a menos que la empresa que oferta el bien o servicio se lo ordene por un contrato de mandato para recaudo, contrato en el que solo podría descontar el valor por uso de la APP con unas tarifas pactadas con el negocio ofertante, y sin poder intervenir con la participación de terceros para completar la venta del bien o prestación del servicio requerido por el consumidor final mediante mecanismos de negociación, retribución o vinculación de personal. 

Es decir, según la regulación vigente se es una APP de intermediación o colaborativa, como lo indica su definición, cuando ésta permite el contacto entre los actores de la negociación. En mi opinión cuando participa en alguna de las etapas de la venta del bien o prestación del servicio deja de cumplir la función intermediadora y deja de ser un actor pasivo (intermediador) y se convierte en actor activo en la relación vendedor o prestador del servicio / comprador o contratante del servicio, labor que la actual legislación colombiana no es permitida sin cumplir los requisitos pre establecidos en las normas.

Flexibilizar para equilibrar

Ahora bien, es claro que la normatividad y regulación actual no preveían la incursión de estos nuevos esquemas de relaciones comerciales. Por ende es de entender el comportamiento de la Superintendencia de Industria y Comercio apegados a la reglamentación vigente, pero no por eso deja de ser imperioso el llamado a gritos para que el Congreso de la República entre a cumplir su función de máximo regulador en un mercado que cambió en beneficio del consumidor.

La economía tradicional no riñe con la digital, al contrario se complementan, pero la tarea de acoplar los mecanismos de relacionamiento comercial para el bienestar del ciudadano en el marco de la nueva economía, debe dejar de ser un pacto de lobby político y avanzar en la apertura de alternativas que por medio de la flexibilización de normas y regulación, pero sin perder el control para la protección de los usuarios, trabajadores y formalización, equilibren la participación en el mercado nacional de todos los actores que hacen parte de la cadena para la oferta de bienes y servicios en igualdad de condiciones.

Redefinir el concepto de prestación de servicios, de servicio público, de intermediación comercial, relaciones laborales o de colaboración, habilitaciones, protección de derechos, etc. para alinear una regulación estándar que tan solo establezca las normas básicas, pero que permita la entrada de todos los nuevos actores y la continuidad de los tradicionales prestadores o vendedores en igualdad de competencia, es el reto de un Congreso que desafortunadamente no parece aún entender cómo abordarlo con neutralidad y sin protagonismos. 

Regular solo dos líneas de negocio porque son la noticia, el transporte individual de pasajeros (por uber) y la mensajería expresa (por rappi) no es el camino adecuado. La necesidad es regular para equilibrar la cancha sin el estigma del miedo a los nuevos actores tecnológicos y tampoco la descompensación del libertinaje comercial que desestabilice la competencia leal con los negocios tradicionales. Todos son parte del mercado y por ende todos deben quedar incluidos en una regulación que garantice una oferta con calidad, un excedente del consumidor positivo, variedad para escoger e información completa para la toma de decisiones.

El tiempo y la sapiencia, sin intenciones de figuración, son el gran reto del Congreso. La demora y el afán protagónico solo decantaran en una regulación que confunda el comportamiento de los mercados, la competencia desleal, y como resultado la afectación del bienestar y los derechos del ciudadano o consumidor.

*Director de Regulación de Contenidos Tecnológicos

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