Por: Mario Rueda

Durante esta semana, la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en ingles), publicó su tan ansiado Análisis Energético Global para el 2020. Dicho organismo, definió la vigente crisis de salud (COVID-19), como el mayor impacto en los últimos 70 años al sistema energético mundial. Una de sus principales proyecciones, sino la más importante, es que el mundo por fin obtendrá un respiro de aire. IEA estima que las emisiones globales de CO2 –principal gas que ocasiona el calentamiento de la atmosfera por el efecto invernadero- se reducirán en un 8% para el 2020. Para poner en contexto, esto significa una reducción dos veces más grande que la suma de TODAS las reducciones desde la segunda guerra mundial, la organización mencionó.

¿Pero qué significa esto para el mundo energético? La presente pandemia ha arrasado con la demanda de energía en todo el mundo. Por ejemplo, los precios de los futuros del petróleo en Estados Unidos, han entrado en territorio negativo, esto quiere decir que especuladores y operadores financieros han tenido que pagar varios cientos de dólares para que alguien les reciba sus barriles de petróleo -gran momento para tener una alberca en Cushing, Oklahoma. Pero vayamos por partes, esta situación se dio principalmente por los confinamientos que varios países han impuesto a sus ciudadanos y, por ende, el limitado uso de los medios de transportación que usan la gasolina como alimento para su combustión, esto más la suma de una guerra comercial entre super dos potencias (Arabia Saudita vs. Rusia) por una mayor cuota de mercado, así como la falta de espacios de almacenaje de petróleo han generado lo que podríamos llamar una tormenta perfecta.

Pero no solo el mundo del petróleo ha sido impactado por la vigente crisis de salud y económica, también el uso de la electricidad ha sido sustancialmente alterado. Recordemos que hay 3 principales tipos de consumidores de electricidad; la industria, los comercios y las oficinas y nosotros, los consumidores que actualmente tenemos que tomar videoconferencias en nuestras casas- sí, te estoy hablando a ti que lees esto con camisa y sandalias. Si tomamos en cuenta que las principales medidas de aislamiento fueron el tener que dejar de ir a oficinas y a empresas, es lógico que la electricidad viera un shock en su demanda. De acuerdo con datos de 30 países recabados por la IEA, el uso de la electricidad disminuyó en al menos un 20% en países con encierro totales- pareciera que estamos viviendo en un domingo interminable.

También, el uso del carbón está sufriendo estragos, de acuerdo con información del mismo reporte, durante el primer cuarto del 2020, se produjó una reducción del 8%, en comparación con el mismo periodo en el 2019. Esto se debió principalmente, a que países del lejano oriente -China y otros- dejaron de operar sus economías tan dependientes al carbón, al ser de los principales afectados por la pandemia. Dicho contexto, aunado a precios del gas natural en declive y un mayor uso de energías renovables, han hecho que por fin nos estemos despidiendo de tan contaminante elemento.

¡Pero esperen! pausemos un momento y reflexionemos que significa todo este arrojo de números e información. Primero, me gustaría retomar el tema principal de esta opinión. Este año, tendremos una de las mayores disminuciones de gases de invernadero en la historia, eso es de reconocerse, lamentablemente tenemos que ser auto críticos e identificar que sólo una tragedia mundial en donde millones de personas han sufrido incontables pérdidas, ha sido la causante de poder lograr disminuciones que nos acerquen, al menos este año, a la meta de los Acuerdos de Paris.

Segundo, que, derivado de esta coyuntura, las energías renovables han sido la única fuente de energía que incrementó su demanda gracias a una mayor capacidad instalada y a su ventaja de ser despachada antes que otras energías – recordemos que las energías renovables como solar y eólica cuentan con bajos costos operativos. Esto, sumado a que las tecnologías verdes se están convirtiendo en la opción más económica para la realización de nuevos proyectos energéticos como los realizados en Brasil y Chile, nos demuestra que el futuro puede ser alentador. Por último, debemos reconocer que lamentablemente solo una crisis de magnitud global ha logrado reducir considerablemente las emisiones de CO2, por lo que los invito a hacer conciencia y entender que está en nosotros cambiar el rumbo de la historia, no en nuestros políticos y líderes sociales. Usemos menos el auto, trabajemos más de forma remota y por favor, ¡tengamos más juntas en camisa y sandalias!

*Columnista invitado Dirección Geopolítica del Sector Energético.

Mario Rueda – Mexicano deseoso de cambiar el mundo. Maestrante en Asuntos Globales con especialización en Energía y Medio Ambiente por Universidad de Nueva York

 

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