Mujeres en el poder

Mujeres en el poder

Por: Laura Herrera

Ayer se realizó la entrega de llaves de Electricaribe a Afinia y Air-e, las dos nuevas empresas que estarán a cargo de la prestación del servicio de energía en la costa caribe. Esta quizá es una de las noticias más importante del cuatrienio, por todo lo que significó para los habitantes de la costa el viacrucis del servicio de energía. El proceso de intervención de la empresa duró cuatro años y fueron tres mujeres las que lograron sacarlo adelante: María Fernanda Suárez, exministra de energía y minas; Natasha Avendaño, superintendente de servicios públicos; y Ángela Patricia Rojas, agente especial para Electricaribe. 

No es de extrañar que una de las pocas promesas cumplidas del presidente Duque se logró gracias al liderazgo femenino. Si hay algo para reconocerle a Duque es que le apostó a un gabinete paritario y gracias a esta decisión hoy tenemos más mujeres al frente de importantes carteras y sectores del país. Según ONU Mujeres, hoy somos el quinto país del mundo con más mujeres ministras de un gabinete presidencial, pero aún falta mucho por hacer, por ejemplo, Natasha Avendaño es la única mujer Superintendente que hoy tiene el país, las otras nueve son lideradas por hombres.

Algunos tienen la tesis de que no debería existir leyes que obliguen al acceso a oportunidades laborales a las mujeres ya que prima el merito y no el género; lamentablemente si no existieran estos tipos de disposiciones ni siquiera a las mujeres con méritos las tendrían en cuenta, hay un techo de cristal que a muchas mujeres no nos deja seguir escalando profesionalmente.

Hasta el día de hoy ninguna mujer ha podido ocupar el cargo de Ministra de Hacienda y Crédito Público y no es precisamente porque no existan mujeres capacitadas en Colombia para liderar esta cartera, sino porque existen estereotipos que persisten como por ejemplo pensar que las mujeres solo gastan y no saben manejar el dinero.

Hasta hace solo dos años, después de 117 hombres como ministros del Interior una mujer pudo llegar a ocupar ese cargo. El Ministerio de Defensa solo ha tenido una ministra mujer, Martha Lucía Ramírez; lo mismo sucede con el Ministerio de Salud, Beatriz Londoño ha sido la única en llegar a tal posición. Dos mujeres han logrado ser Ministras de Agricultura y en el Ministerio de Transporte solo hasta en el 2012 Cecilia Álvarez se convirtió en la primera mujer en liderar el sector. Mientras tanto carteras como educación, cultura, comunicaciones y el ICBF han tenido un poco de suerte con más mujeres a la cabeza, esto es muy bueno, pero es la prueba de con qué tipo de imágenes relacionan a las mujeres y cuáles son los estereotipos que persisten. 

Por eso, debemos seguir promoviendo la igualdad de género, rompiendo los estereotipos, evitando cualquier sesgo o concepción preconcebida y eliminando el sexismo. Aún nos falta mucho camino por recorrer, por ejemplo, abrir espacios para mujeres trans. Sigamos exaltando y reconociendo a las mujeres que han liderado importantes proyectos en el país para así inspirar a otras a asumir un papel dentro de la agenda pública, y aumentar la visibilidad en la toma de decisiones y participación en el poder. No dejemos de enaltecernos, no dejemos de hablar de equidad de género, no dejemos de revelar las cifras; en un mundo androcentrista debemos seguir amplificando nuestra voz hasta que a las mujeres se nos den oportunidades por igual.

*Miembro Dirección de Seguridad y Justicia

Mujeres en el poder

Urgente hablar de odio

Por: Laura Herrera

Desde hace algunos años venimos percibiendo un ambiente de polarización cada vez más denso por la sobreabundancia comunicativa -muchas de las conversaciones privadas ahora son públicas- y por la democratización de la comunicación -ahora cualquiera puede emitir un mensaje. Según datos del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones son cuatro los principales temas que más nos llevan a enfrentarnos: la política, el fútbol, la religión y la causa animalista.

Frente a los hechos políticos, paradójicamente, el suceso que abrió la puerta a una polarización mucho más intensa en redes sociales fue el proceso de paz y desde entonces la situación se ha venido agudizando. De acuerdo con la Misión de Observación Electoral (MOE), para las elecciones del 2018, el 10% de los mensajes compartidos en redes sociales fueron de intolerancia y el pico de más alto nivel de agresividad fue en la primera vuelta presidencial en la que se registraron más de 1.700.000 mensajes en este sentido. 

Con los últimos hechos políticos se profundizó la grieta. La polarización no para, y los discursos se radicalizan aún más. ¿Deberíamos preocuparnos? Sí y mucho. De la intolerancia al odio hay un par de pasos. El odio se está apoderando del discurso público siendo la raíz de la incitación, la división y un obstáculo cada vez más grande para el progreso de la agenda del país. 

El discurso de odio es cualquier forma de comunicación que sea un ataque o utilice un lenguaje ofensivo o discriminatorio contra una persona o un grupo de personas en razón de su raza, religión, nacionalidad, color, ascendencia, género, orientación política u otro factor de identidad. Lo más grave: el discurso de odio tiene efectos en secuencia: se empieza por la discriminación, violencia contra símbolos, violencia física y llega  incluso al genocidio. ¿Es exagerado? No, no lo es. A mediados del siglo XX Colombia vivió la época de La Violencia como resultado del discurso de odio y sectario que nos llevó a matarnos entre liberales y conservadores. El odio alimentó al Ku Klux Klan y fue el precursor de crímenes atroces como los de la Alemania Nazi, Ruanda, Bosnia y Camboya. 

El Tribunal de Nuremberg condenó a Julius Streicher quién denominó a los judíos como “parásitos, enemigos, malhechores y transmisores de enfermedades que deben ser destruidos en beneficio de la humanidad” incitando a los alemanes a perseguirlos. Streicher negó tener conocimiento  de las ejecuciones masivas de judíos, pero el Tribunal determinó que las incitaciones de Streicher al asesinato eran claramente “persecuciones por razones políticas y raciales en relación con crímenes de guerra”.  Steicher fue sentenciado a muerte.

El discurso de odio no es un juego y no debe, de ninguna manera, ser estrategia de comunicación política. La comunicación tiene un poder transformador que requiere responsabilidad cuando entra en la esfera pública. Hace unos días fuimos testigos del enfrentamiento entre dos HT #DespideAUnMamerto y #NoCompreAEmpresariosUribistas ¿Esto es inofensivo? No, es incitación a la discriminación, de hecho, de forma más frecuente se leen mensajes en los que la gente expresa que no podría ser amigo, pareja o tener relación con alguien con una posición política o idolología diferente y, hace unos días en medio de una caravana que rechazaba la medida de aseguramiento contra Uribe, un ciudadano, motivado por su intolerancia, amenazó al otro con hacer uso de su arma de fuego.

¿Estamos saturados del rifi rafe de la conversación digital? Sí, y es una buena noticia porque quiere decir que sabemos que algo anormal está ocurriendo. Al odio hay que hacerle frente. El silencio es cómplice, es una señal de indiferencia al fanatismo y a la intolerancia. A finales de 2019, la ONU lanzó una estrategia para frenar la nueva oleada de odio que está a la vuelta de la esquina y en ella recomendó tres cosas: i) combatir el discurso de odio con más discursos que le hagan frente; ii) inculcar en la nueva generación digital el rechazo por el discurso de odio; iii) investigar qué es lo que lo genera y; iv) entender que es responsabilidad de todos detenerlo.

Por eso mi deber como profesional de la comunicación política es invitarlos a poner este tema en la agenda pública, a darle la relevancia,a detenerlo. Nuestra historia se escribe sobre el enfrentamiento de bandos, hemos sido incapaces de salir de un círculo vicioso que tiene una gran cuota de responsabilidad en los fracasos que hemos tenido como Estado y como nación. Cuestiónense: ¿Y si la salida es otra? ¿Y si la respuesta es la forma en que nos comunicamos? Tal vez. Se los dejo a su reflexión.

 

 

 

*Directora de Comunicación Política

Mujeres en el poder

Capoteando crisis.

Por: Laura Herrera

La mejor manera de gestionar una crisis es evitándola, pero cuando ya se está inmerso en una hay que clausurarla lo más pronto posible, como dice el profesor Riorda, “salir de la crisis cuanto antes y solo si se puede, salir bien”.

De las crisis casi nunca se sale bien, la mayoría de las veces representan una pérdida de poder en alguna escala: credibilidad, gobernabilidad, confianza, reputación, entre otras. Las crisis tienden a subestimarse. Las entidades públicas y políticos son propensos a la crisis por sus altos niveles de exposición, todo les será revisado y cuestionado; pero aún sabiendo esto los gobiernos, líderes y equipos estratégicos de comunicación no toman las medidas para reducir o prevenir los riesgos que les puede producir una futura crisis. Parece que no se mapean los riesgos o sencillamente se hacen los de la vista gorda.

Varios casos de crisis mal gestionadas hemos visto últimamente. La crisis del ministro Botero fue crónica de una salida anunciada, dejaron escalar y agudizar a tal punto los hechos que no solo produjo con la renuncia de Guillermo Botero con un gran golpe en su reputación graduándolo como el Ministro que permitió el “bombardeo de niños”, sino que además fue el detonante de las protestas del 21 de Noviembre. Las marchas del #21N también fueron regularmente gestionadas, se convirtieron en un descontento de sombra alargada, una amenaza palpitante que de no ser porque se les atravesó una pandemia, en cualquier momento hubieran podido estallar de nuevo.

Otro caso fue el episodio protagonizado por el Alto Consejero para las Comunicaciones, Hassan Nassar, y la periodista Vicky Dávila. Hassan Nassar no logró clausurar la controversia sobre el avión presidencial y la visita a Panaca, por el contrario, intensificó la conversación alrededor del tema, alargó por unos días más la polémica y adicionalmente, a tan solo dos meses de asumir su cargo, puso en duda su propia capacidad como director de comunicaciones de Presidencia de la República. Los incendios no se apagan con gasolina.

Hoy el Fiscal General de la Nación, Francisco Barbosa, se ve envuelto en una polémica por su visita a San Andrés en plena cuarentena obligatoria. La polémica crece a diario al conocerse más detalles de todos los viajes realizados y por las respuestas del funcionario para justificar sus actuaciones.

El objetivo de la comunicación de crisis es producir certidumbre y eliminar lo más pronto posible el disenso que la genera. El plazo es clave ya que las crisis no deberían durar mucho tiempo. Cuando se está es crisis lo menos aconsejable es salir a desmentirla o negarla porque esto solo producirá nuevos encuadres sobre la situación, ataques y pedidos insistentes de explicaciones ante la incertidumbre. Existen salidas para disminuir la crisis: el pedido de disculpas o una explicación, y estas mismas van acompañadas de acciones para reparar la crisis, como por ejemplo las acciones correctivas o las compensaciones, entre otras, pero nunca acudir a esconder las cosas pues tarde o temprano saldrán a la luz con un efecto negativo de mayor complejidad.

El activo que más está en juego en medio de una crisis es la reputación, por eso es importante mirar con qué “colchón” se cuenta para saber cómo afrontarlas, qué mensaje enviar y cuáles serán los aliados que ayudarán a superarla. Hay un elemento fundamental adicional, en la crisis es importante adoptar una posición sobria, no hay lugar para emocionalidades que aumenten la discusión, como por ejemplo la arrogancia.

La crisis que hoy capotea el fiscal de nuevo nos lleva a esos escenarios de malas gestiones en comunicación. A tan solo seis meses de posesionarse en su cargo ya se le tilda de “fiscal de bolsillo”, ya fue la primera tendencia de conversación en redes sociales con una etiqueta en la que la ciudadanía pedía su renuncia y día tras día revelan más información sobre los viajes que ha realizado como funcionario público con daños reputacionales cada vez más difíciles de reparar y aumentando las posibilidades de que la crisis escale otro nivel.

Reconocer que se está en crisis no es fácil, tampoco saber en qué nivel de la crisis nos encontramos, pero siempre mapear riesgo será una tarea mucho más sencilla, un ejercicio de planificación que nos permitirá estar listos para reaccionar ante un escenario de disenso. Por eso, siempre hagamos tres simples preguntas: ¿Por qué hacemos esto? ¿Con qué riesgo? ¿hay otro modo de hacerlo? El mapeo siempre les ahorrará desgastes.

 

 

*Directora de Comunicación Política

Claves de comunicación para gobiernos durante la crisis

Claves de comunicación para gobiernos durante la crisis

Buenas y malas decisiones en el ámbito de la comunicación política hemos visto durante la gestión de la crisis del Covid-19, la más grave que ha vivido la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial. Esta es una crisis inédita, hasta hace cinco meses ni siquiera era un riesgo y apenas hace dos meses empezamos a tomarla en serio.

 

La comunicación debe tener un rol fundamental en la gestión de la crisis por parte de los gobiernos, será el puente entre ciudadanos y administraciones, de una buena comunicación dependerá el respaldo de las medidas, el acatamiento de las mismas, la credibilidad de los gobiernos y en este momento, incluso la salud de los ciudadanos.

 

Cada crisis es muy distinta, con profundidades, efectos, daños y cierres diferentes. Sin embargo, existen unas claves para tener en cuenta a la hora de comunicar durante una de crisis como la que enfrentamos en estos días:

 

1. Generar certidumbre: los gobiernos deben apuntar a generar la mayor certidumbre posible para transmitir seguridad a la ciudanía, procurando el mayor consenso concreto sobre los desafíos que impone la crisis. Es indispensable la coordinación entre el Gobierno nacional y las autoridades locales, su desarticulación y constantes enfrentamientos crea confusión y muchas más dudas.

 

2. Mensajes sobrios: En cualquier crisis y en especial la del Covid-19 en la que está en juego la salud y la vida de los ciudadanos, no hay espacios para mensajes cargados de dramatismo o exagerada emocionalidad, que le reste seriedad a su manejo. Tampoco es momento para el humor. En este momento la gente espera de sus lideres sobriedad, mensajes concretos, aplomo y, sobre todo, seguridad. Debe percibirse que hay alguien haciéndose cargo.

 

3. Los tiempos son fundamentales: La crisis debe gestionarse y atenderse en el menor tiempo posible para no dar tanto espacio al crecimiento de la incertidumbre y de la información contradictoria. Los espacios que un líder deje vacíos, serán llenados por otros.

 

4. Evitar usar slogans:  Las crisis merecen absoluta sobriedad y los slogans pueden confundirse con campañas que se prestan para polarización y mayores disensos.

 

5. Momento para relanzar liderazgos: La crisis es un momento de prueba y una oportunidad para demostrar la capacidad en el manejo de la situación. Es momento de decidir qué clase de líder se quiere ser y transmitirlo a través de las acciones, medidas y decisiones tomadas. Una crisis puede cambiarlo todo y la reputación recibirá todo el impacto.

 

6. Liderazgo es diferente a popularidad: Sí, la crisis es el escenario para relanzar un liderazgo, pero no es el de hacer campaña. Pretender buscar la popularidad en medio de una crisis puede transmitir la sensación de oportunismo. La gente demanda medidas, protección y respaldo en un líder, para la caridad están otras instituciones.

 

7. No olvidarse de seguir gestionando el riesgo: Con el paso de los días y la adaptación a las rutinas del confinamiento, los ciudadanos tenderán a relajarse y a disminuir la percepción del riesgo de la pandemia. En algún momento la cuarentena se levantará y es necesario prepararse para ello, de lo contrario nos enfrentaremos a las aglomeraciones y salidas en masa de los ciudadanos.

Es importante seguir gestionando el riesgo, buscando un equilibrio que logre alertar a los ciudadanos pero que evite paralización de la sociedad. Para esto, la pedagogía es un aliado importante que contribuya al cambio de hábitos y la autorregulación de las personas.

 

8. Mapeo de otros riesgos: Es importante que los equipos de gobierno y el resto del aparato administrativo, realice un estricto control de riesgo sobre cada una de las actuaciones y decisiones que se toman para prevenir la aparición de otra crisis simultánea. En otras palabras, no apagar incendios con gasolina.

 

9. De las crisis no necesariamente se sale bien: Citando al profesor Mario Riorda, “de las crisis hay que salir y, solo si se puede, bien”. Todas las crisis tienen impacto en la reputación, por eso los gobernantes y sus equipos de trabajo deben estar preparados para los balances negativos. No todas las decisiones correctas serán populares y a esto no se le puede tener miedo.

10. Redes sociales como principales canales de interacción: En este momento de confinamiento obligatorio las redes sociales son los principales espacios de interacción de los ciudadanos. Es importante prestar atención a la comunicación en doble vía: no solo entregar información al ciudadano, sino responder sus preguntas y escucharlos.

*Directora Comunicación Política

“En Colombia con la crisis están haciendo campaña”

“En Colombia con la crisis están haciendo campaña”

Confrontar no es la solución

Por: Laura Herrera

Las últimas declaraciones de la ministra del interior, Alicia Arango, dejaron sorprendidos a la mayoría del país que ya no sabe a qué mas atenerse frente al trato que el gobierno le está dando a sus ciudadanos. A la comunicación no hay que ponerla en un segundo plano, debe ser una de las herramientas principales para gobernar y construir una relación con los gobernados. A estas alturas del partido parece que la comunicación gubernamental del Gobierno Duque está todo menos enfocada en generar consenso. Parece que su estrategia es confortar, y en este momento, no es la solución

Confrontar es una estrategia de comunicación, pero siempre y cuando se cuente con el respaldo suficiente para implementarla, es decir, un gobierno que solo cuenta con el 23% de aprobación no puede darse el lujo de confrontar a sus ciudadanos generando provocaciones que solo seguirán ampliando el disenso con la opinión pública. Con urgencia su prioridad debería ser buscar consenso.

El país ha cambiado y el gobierno no ha logrado entender el contexto. Lastimosamente se han quedado en la lectura de un comportamiento electoral que todos los días le pasa factura porque atacar no es la solución mientras se gobierna. La comunicación gubernamental tiene como objetivo generar consensos y esto no es lo mismo que a como de lugar buscar convencer. Es realmente sorprendente la gran carga de confrontación que contiene la forma de comunicar del Gobierno Nacional, parece como si gran parte de los gobernados fuéramos sus enemigos y no sus ciudadanos.

Varios han sido los escenarios en que han dado pruebas de su estrategia de confrontación, las pruebas están en, por ejemplo, la estrategia de estigmatización de las protestas, en las primeras reacciones al paro nacional que contuvieron solo medidas de seguridad y no la búsqueda de un consenso concreto sobre la situación, el desafortunado #NoPudieron de la entonces MinInterior Nancy Patricia Gutiérrez, las estrategias de ataques digitales a periodistas y opositores del gobierno, el tono de confrontación de Alto Consejero para las Comunicaciones que tildó de hipócrita y doble moral a la opinión pública ciudadana, respondió amenazando con revelar una información de su entrevistadora y terminó por deteriorar las relaciones de prensa con el Gobierno Duque. La lista es aún más amplia y al parecer se seguirá llenando.

Esta es una reflexión urgente para darle un timonazo a la estrategia. Han creado una grieta enorme entre los ciudadanos y el gobierno. Una grieta que no es irreparable, pero si lenta -muy lenta- de sanar. Es hora de parar, de ser autocríticos, de aceptar errores y recalcular. El mundo pide a gritos nuevos liderazgo que contengan humildad y una comunicación de doble vía, escuchar y consensuar; pero basta de atacar.

* Directora Dirección Comunicación Política