Ep. 26 Democracia digital

Ep. 26 Democracia digital

Construir a múltiples voces la política pública del Magdalena

Construir a múltiples voces la política pública del Magdalena

Por: David Pombo 

Cada vez más en Santa Marta, un grupo indeterminado de personas y no articuladas necesariamente para actuar como red, realizan críticas por distintos flancos al proyecto del «cambio», al de la alternativa a los proyectos políticos tradicionales de la ciudad, al proyecto político de los de «ahora», a Fuerza Ciudadana. Iniciativas que no denotan una articulación como plan estratégico para derribar las pequeñas conquistas del caicedismo y su movimiento naranja, sino como un ejercicio de empoderamiento de la misma ciudadanía que empieza a identificar las grandes falencias y desaciertos de la política pública.

Sin duda alguna, Fuerza Ciudadana es un fenómeno político local con más de una década ejecutando la política pública de Santa Marta y comenzando a delinear la del departamento del Magdalena, con espíritu de crecer regional y nacionalmente, sin embargo, pareciera que su efervescencia y su afán desmedido de creer que la agenda política se traza únicamente desde la comunicación y el marketing institucional, desconociendo la capacidad primaria de relacionarse y conectar con los actores de los territorios en los que despliega esas grandes campañas de mercadeo.

Distantes de la oposición y de los enemigos de políticos del caicedismo, un sector amplio de ciudadanos, mujeres y hombres de diferentes estratos sociales, de manera independiente han expresado sus opiniones sobre la ejecución de la política pública en el Magdalena. Este emergente cúmulo de opiniones, en disonancia con el proyecto de Fuerza Ciudadana, solo demuestra que cada vez más crece el descontento ciudadano, porque luego de casi 12 años de gobierno Santa Marta aún no tiene acueducto, obras inconclusas como el estadio de fútbol, la mega biblioteca, faltantes en puestos de salud, Calle 30 fraccionada su remodelación; aún no se cuenta con colector pluvial, universidad distrital ilusoria, entre otras promesas y obras no entregadas de los que quieren un “Renacer del Magdalena”.

En particular pudiera enumerar el grupo de opinadores y críticos de las actuaciones del gobierno distrital en materia de seguridad, que ciertamente son opiniones a lugar, con conocimiento de causa y con el rigor y el criterio de objetividad que se requiere para darle solución al problema que más aqueja a los samarios hoy en día, incluso por encima de la inclemencia de no contar con agua en sus grifos, la inseguridad. Esto mismo se pudiera repetir en materia de servicios públicos, de movilidad, de gestión social, de reactivación económica, de salud, infraestructura, de la descentralización de los recursos y las administraciones locales, en fin, sobre cada aspecto seguro existen varias voces en disonancia con lo que sucede hoy en Santa Marta y el Magdalena en materia de administración pública.

En este entendido, el llamado de este breve escrito es a que el proyecto político revise los argumentos de este grupo de ciudadanos que constantemente exponen sus comentarios y/u opiniones sobre lo que está sucediendo en el Magdalena y Santa Marta; es un llamado para que el gobernador y su gabinete se atreva a conectarse con las autoridades municipales, con los lideres comunitarios, con quienes hacen y construyen el territorio y deje a un lado esa mezquindad de desconocerlos porque no son súbditos del proyecto naranja, logrando así capitalizar esta “fuerza” de la crítica ciudadana en motor de cambio propositivo en la ejecución de la política pública. 

Por último, es un llamado a la ciudadanía en general a seguir controvirtiendo lo que no veamos bien y respaldar lo que se hace por el bienestar de los magdalenenses, es un llamado a construir a múltiples voces.

*Miembro Dirección Temática del Magdalena

Construir a múltiples voces la política pública del Magdalena

Apostar por un cambio sostenible, seguro y bioseguro en la Candelaria

Por: David Pombo

 

En el marco del estado de emergencia y el aislamiento preventivo obligatorio, se han producido cambios en nuestra realidad. La cotidianidad se ha visto cambiada sustancialmente, la pandemia ha llevado a imponer una nueva realidad en la forma en cómo nos relacionamos, en cómo vivimos, pero también en cómo disfrutamos, estudiamos y desarrollamos nuestros trabajos.

Bajo este contexto, las realidades de nuestros territorios cambiaron, presento el caso puntual de la localidad La Candelaria (centro de Bogotá) esta crisis la tocó abruptamente, toda vez que en la localidad se concentran más de 14 centros universitarios que no están recibiendo diariamente a 300 mil estudiantes en la localidad, además, un 14 % del comercio está dedicado netamente a los servicios turísticos como hotelería, hostelería, agencias de viajes, artesanías, bici-tours y demás servicios que componen la cadena de valor del turismo local, un impacto económico y social a un territorio citadino que atiende aproximadamente a 1.500.000 visitantes anualmente.

Locales comerciales entre ellos restaurantes, cafés, espacios artísticos culturales y privados como bibliotecas, casas culturales, teatros, museos que mueven diariamente la economía local; los primeros limitados a solventar las necesidades a través de domicilios en el caso más positivo de apertura, los segundos cerrados porque no pueden ofrecer sus servicios ni abrir sus puertas.

Cabe mencionar el impacto de esta crisis en el gremio de joyeros, comercializadores de esmeraldas y orfebres que mantienen una actividad económica estratégica para la localidad, pero que en medio de esta situación algunos lograron apoyarse en alternativas como el comercio en línea y poco a poco migrar o gestionarse desde la divulgación digital. Sin embargo, no dejan de ser afectados por la crítica situación que vive la economía.

La dinámica, en la localidad de La Candelaria ha cambiado, sus calles recibían diariamente un flujo de población flotante debido a la actividad de las entidades públicas como Presidencia de la República, Congreso de la República, Alcaldía Distrital, las Altas Cortes y un número importante de ministerios del poder ejecutivo, todo este flujo de población mermó y su reactivación de darse será paulatina y moderada.

Sería desconocer la dinámica económica y social de la localidad, si no menciono a los vendedores informales, los artistas de calle que ambientan el tramo de la Carrera Séptima entre la Avenida Jiménez y la Plaza de Bolívar el cual ha sido reconocido como corredor artístico.

Todo lo anterior, supone un escenario incierto para la localidad, para sus habitantes y para los gobernantes locales que deberán poner a prueba su potencial de planeación estratégica de manera tal, que se logre convertir esta crisis en una oportunidad en la que se ponga en marcha una estrategia puntual pero ambiciosa para reabrir la localidad al mundo y reconvertirla en un destino turístico sostenible, seguro y bioseguro.

En este sentido, pretendo exponer algunos aspectos que considero importantes para la planeación de la localidad de La Candelaria en un mundo Pos-Covid:

  • Localidad sostenible. La localidad a partir de un ejercicio en red, de construcción conjunta entre todos los actores (universidades, gremios, entidades, autoridades, empresas, comunidad, sectores sociales, etc.) debería apostarle por crear un producto local. Este producto debería contener la mayor cantidad de servicios que ofrece el territorio, en este sentido, lo ideal sería lograr un desarrollo endógeno que permita fortalecer los sectores económicos locales y mitigar la fuga de recursos por la inexistencia de servicios que pueda necesitar un visitante.

Se sobre entiende que los turistas prefieren explorar distintos territorios, distintos atractivos, productos y servicios, considero que por la multiplicidad de actores y sectores económicos que confluyen en la localidad, esta estrategia podrá ser una hoja de ruta exitosa que pueda convertirse en piloto de lo que se debe hacer en un territorio con tantos actores apostando hacia una misma meta. Por ejemplo, es necesario que los sectores hoteleros o de restaurantes no se vean como competencia sino como cocreadores de una misma historia, de un mismo relato que logre cautivar al mundo post-pandémico.

Esta localidad para considerarse sostenible debe voltear la mirada a las cuencas de los ríos San Francisco y San Agustín junto con sus quebradas Padre de Jesús, Guadalupe, San Bruno, entre otras. Esto le permitirá abrir atractivos turísticos para el senderismo, avistamiento de aves, turismo de naturaleza y de aventura (si se quiere), diversificando la oferta turística y mitigando la fuga de recursos provenientes de estas actividades.

  • Localidad segura. Algunos líderes de opinión consideran que la crisis económica agudizará la situación de inseguridad en los territorios, en tanto que, aumentará el desempleo y, por ende, el acceso a bienes y servicios por parte de la población será cada día más limitado; lo que supondría que habrá un aumento en delitos como robos, atracos, fleteos, entre otros delitos que afectan la seguridad y convivencia ciudadana. Resulta clave que, en tiempos de confinamiento y planeación local, la localidad de La Candelaria se prepare y se anticipe a estos hechos con un plan de seguridad que mitigue el aumento de delitos. Es importante prever que al momento de reabrir los sectores económicos que mayor flujo de población moviliza en este territorio es posible que la seguridad empiece a deteriorarse, por tanto es necesario mitigar los factores de riesgo que se generen, máxime cuando la sensación de seguridad es un factor importante, particularmente, para el sector turístico.

Reactivar los frentes de seguridad de manera virtual por medios tecnológicos verificables y de uso responsable por parte de los actores que la conforman, el uso de mensajería instantánea por WhatsApp, Telegram o grupos cerrados de Facebook, por donde circule al instante información sobre situaciones que puedan poner en riesgo la vida de habitantes  y visitantes,  podría ser una herramienta de seguridad a implementar.

  • Localidad biosegura. Este concepto se instaló en nuestras vidas y tal vez, se convierta en una de las necesidades que tendremos presente con mayor frecuencia en la vida social Pos-Covid-19.

La bioseguridad que pareciera no nos preocupó en tiempos previos a la pandemia, se convirtió en estos tiempos, en nuestra principal preocupación o angustia. En este sentido, es clave brindar las medidas necesarias para que los visitantes de la localidad mantengan la sensación de seguridad. Este aspecto se convierte en la apuesta más ambiciosa de mi propuesta: robustecer la red de equipamientos en salud, fortalecernos a partir de la co-creación de los distintos sectores sociales y económicos de la localidad.

Por ejemplo, sería estupendo que entre los más de cincuenta establecimientos de salud particulares o privados que tienen asiento en la localidad, elaboren un procedimiento conjunto para la atención de los turistas que visitan nuestra localidad. Esto se convertiría en un servicio para enganchar un mayor número de turistas, algo que los operadores turísticos en articulación con otros actores del ecosistema de la localidad puedan ofrecer como piloto de un territorio que proyecta un turismo sostenible, seguro y bioseguro alejado de la aglomeración y las prácticas insalubres que en algún momento de nuestras vidas normalizamos.

En este aspecto, el mayor reto lo tiene el gremio hostelero puesto que, su principio es compartir un mismo lugar con otras personas a un menor costo; lo que evidentemente antes de la vacuna lo convertiría en un foco de contagio y biológicamente inseguro, de manera que tendrán que crear estrategias de servicio más cercanas a la hotelería, manteniendo su premisa de low cost.

Estas tres variables suponen la superación de una necesidad sentida en la localidad como es el sistema de recolección de residuos sólidos lo cual afecta la seguridad, el medio ambiente y las condiciones de salubridad de los habitantes de la localidad, al respecto es importante que la administración local en conjunto con Promoambiental que es el operador del servicio de recolección, barrido limpieza y poda en este territorio.

En conclusión, resulta clave que en medio de esta situación podamos revertir este escenario de incertidumbre constante. Una forma sería anticipándonos a lo que queremos en nuestro territorio, a buscar alternativas que nos fortalezcan en medio de la crisis y las diferencias, es momento de poner en práctica todo lo que la cultura y el arte ha formado en nuestros habitantes y de esa manera ser superiores a la situación que nos puso la historia, es momento de restaurar la visión de la localidad.

*Director localidad de Santafé y Candelaria

Empatía, valor del que carece la Dimayor

Empatía, valor del que carece la Dimayor

Por: David Pombo
Como algunos saben soy futbolero, pertenezco desde hace 19 años a una barra futbolera y popular en Santa Marta. Desde el 2005 decidí estudiar sobre los fenómenos sociales alrededor del fútbol y la construcción de identidades que surgen en medio de la pasión que despierta este deporte. Así logré mi tesis de pregrado en antropología “Fútbol, identidades juveniles y barras bravas en Santa Marta». Recientemente participo como vocero de la barra a la que pertenezco en el Colectivo Barras Colombianas por la Convivencia, proceso en el que confluyen veinte barras futboleras de todo el país, la mayoría de equipos de primera y segunda división del Fútbol Profesional Colombiano (FPC).

Estos espacios me han permitido formar un sentir sobre el fútbol como pasión, alegría, carnaval e identidad. En la actualidad, el fútbol despierta distintas opiniones, dando como resultado que sea concebido en muchos casos como mercancía, gremio e industria en el mundo del libre mercado en la globalización; así mismo en el mundo de los medios de comunicación, del espectáculo y las redes sociales. Brindo este contexto de mi relación con el fútbol para quienes lleguen a este artículo sepan que estoy escribiendo desde la orilla de un aficionado al fútbol, de un hincha, de un barrista, y si quieren también, desde la mirada de un cliente que reclama a su proveedor, ¡empatía!

Sí, ¡empatía!

La División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) actúa como entidad administrativa y reglamentaria del FPC, asocia a todos los equipos profesionales (36) de fútbol en Colombia para actuar y tomar decisiones como gremio económico y deportivo. Esta entidad como encargada de reglamentar y administrar los torneos del fútbol colombiano (Liga BetPlay, Torneo BetPlay, Copa BetPlay y Liga Femenina) es el principal interesado en la reanudación del FPC en el marco de la pandemia y las medidas de cuarentena. Recientemente ha copado la atención de un sector de la opinión pública nacional, debido a las constantes declaraciones y pronunciamientos de su presidente Jorge Enrique Vélez, y de algunos de sus afiliados como Eduardo Méndez, presidente de Santa Fe, entre otros dirigentes del fútbol en Colombia. Sin embargo, en esta columna no quiere profundizar sobre las declaraciones y sus contenidos, lo que pretende es resaltar la escasa empatía de esta entidad con quienes somos sus grupos de interés o stakeholders y que se agudiza con la emergencia sanitaria del COVID19.

La Dimayor en su afán de convertir el fútbol en un producto comercializable, se ha olvidado de quienes consumimos de este deporte, me refiero al hincha, las barras y los aficionados en general. Su interés mercantilista lo llevó a fracasar en su intento de transmitir el FPC por televisión cerrada en su canal Win Sport +, el cual no es más que la muestra del interés por sacar a las hinchadas de los estadios y convertir en el fútbol en un paquete de televisión por suscripción.

Desde la orilla de los aficionados este interés solo va en detrimento de la fiesta futbolera, esa que cada fecha organiza a los hinchas y barras del fútbol, razón por la que los aficionados y opinión pública futbolera decidieron emprender la campaña “Lo pagará su madre” que ha sido una acción espontanea en contra de los intereses de la Dimayor y algunos de sus miembros por establecer el canal privado Win Sport +.

Sobre la empatía, para el caso de la Dimayor también vale la pena mencionar las últimas intervenciones de su presidente respecto al “Protocolo de salubridad para la reactivación del fútbol profesional” en medio de la pandemia, que en todo caso constituían medidas cuyo único propósito consistía en iniciar competencias a puerta cerrada en junio en todos los estadios del país, 300 personas máximas por cada partido, pruebas COVID cada 72 horas para futbolistas y cuerpo técnico.

Como era de esperarse, estas medidas fueron rechazadas de manera contundente por parte del Gobierno Nacional que a su vez puso en consideración la reanudación del fútbol siempre y cuando se realice de manera localizada en cuatro o cinco ciudades del país, las cuales deben seleccionarse de acuerdo con su situación epidemiológica. A propósito de lo anterior, otro de los casos sonados recientemente tiene que ver con el contrato que se pretendía firmar con la empresa canadiense Athletics & Healt el cual fue objetado por la Comisión de Mercadeo de la Dimayor (algunos dirigentes de la oposición al presidente de esta entidad), precisamente por ser una empresa de papel que solo está interesada en facturar el jugoso contrato con la organización del fútbol en Colombia.

Estos hechos muestran evidentemente el interés descomedido de la Dimayor, y especialmente de quien dirige la entidad, quien al parecer pretende tratar el fútbol como mercancía empaquetada en televisión, incluso con su novedosa y contingente propuesta de la eLiga o Liga PS.

Me pregunto si la Dimayor ha hecho por lo menos un estudio de marketing con quienes consumimos el fútbol, sobre qué nos interesaría que sucediera con él, o si ha consultado a las barras futboleras que son fieles consumidores del fútbol colombiano, sobre cómo están pensando la liga y la copa Poscuarentena o Pos-Covid, ¡la respuesta es NO! No han sido consultados porque precisamente el interés que ha mantenido siempre la Dimayor e incluso la FCF en complicidad con algunos medios, es sacar del fútbol a la afición para que no se conviertan en riesgos sociales o políticos para el negocio del fútbol. No obstante, se olvidan de que como partes involucradas o interesadas tenemos mucho más que aportar y no la idea de poner en riesgo al mercado del fútbol. Es por esto que levanto la voz, exigiendo a esta entidad un mejor relacionamiento, reciprocidad, comunicación y empatía con sus grupos de interés.

En esta misma línea, las constantes intervenciones en medios de comunicación por parte de Ernesto Lucena, Ministro del Deporte, y que en repetidas ocasiones le ha dicho a los dirigentes del fútbol que lo primordial es la salud de los jugadores y de quienes pertenecen al ecosistema del fútbol, pidiéndoles que sean pacientes, argumentando que no solo el fútbol se ha visto afectado por el COVID19, sino todas las disciplinas deportivas, las cuales  han postergado sus competencias a nivel orbital, nacional y local.

De acuerdo con esto, podemos decir que el ministro Lucena ha mantenido ese interés por ser empático con todos los deportistas, medios, gremios y demás actores del mundo deportivo, a pesar de las dificultades económicas que esta coyuntura genera, está anteponiendo primero la salud de los deportistas, sus familias y de la afición futbolera en general.

Para finalizar y no olvidarnos de la realidad actual del deporte, especialmente el fútbol y el mundo del espectáculo, considero que han sido muchas las opiniones sobre el futuro inmediato del fútbol en Colombia, o sobre el futbol poscuarentena y de todas ellas me quedaría con aquella en la que se le da un peso importante a la salud de los futbolistas y sus familiares, privilegiando el regreso de este deporte con afición posterior a la existencia de una vacuna.

*Director Localidad Santafé y Candelaría.

Empatía, valor del que carece la Dimayor

¡Hambre! Grito cuidadano

El pasado 17 de marzo una gran mayoría de habitantes de Bogotá, sentimos orgullo por quien administra la ciudad; por la vehemencia, la empatía, la solidaridad, pero sobre todo por el liderazgo y la legitimidad que, al parecer, revestía a nuestra alcaldesa Claudia López de un poder superior, incluso mayor, al del presidente Iván Duque.

Innumerables fueron los trinos, así como los comentarios en cadenas de Whatsapp, los memes, las columnas de opinión e incluso los sondeos de las encuestadoras que pregonaban que el liderazgo y la imagen favorable de Claudia López superaba la del Presidente de la República en tiempo de emergencia. Al igual, en distintos portales de opinión se comentaba, se sigue comentando que, el presidente Iván Duque debía delegar a Claudia López como encargada nacional de la crisis generada por el COVID19.

Así, Claudia López pareciera estar, en medio de la crisis, en el momento más importante de su historia política, al punto de gozar de la legitimidad que le otorgaba una parte de la ciudadanía de ser la primera mandataria de los colombianos, ¡ojo! No solo en Bogotá, sino en muchas partes del territorio nacional donde la expectativa de la gente estaba puesta en las decisiones de Claudia López y no de Iván Duque.

No obstante, pareciera que su liderazgo fuesen destellos de esto y no necesariamente una habilidad bien administrada por la alcaldesa; al mismo tiempo que pudiera ser que se envistió de tal legitimidad que, tanto ella como su equipo de asesores, se dejaron llevar por los cantos de sirena de las encuestas y los puntos de popularidad. Parece, igual, que la alcaldesa está perdiendo el rumbo de lo que pudiera considerarse importante, necesario, humanitario y estratégico para cualquier gobierno territorial en esta coyuntura. Con ello me refiero a: i) mantener el control de la curva epidemiológica del COVID19 en Bogotá mediante la implementación de medidas en la ciudad ii) efectividad, eficiencia y control en la entrega de las ayudas humanitarias a la población.

Respecto al primero, creo que lo está haciendo de la mejor forma posible, lo cual me ha generado conformidad y al parecer mantiene satisfecho a un sector importante de la población y de la opinión pública también; por otro lado, creo que no ha sido lo suficientemente acertada y mucho menos asertiva. Y es en este punto donde quisiera llamar la atención de la administración distrital de Bogotá y también de la opinión pública para lograr que la alcaldesa pueda reencausar dicha estrategia.

Inicialmente, y entendiendo de antemano todas las limitaciones que en términos presupuestales existen, creo que Claudia no ha sido acertada en el manejo táctico, operativo y logístico de la estrategia de #BogotáSolidariaEnCasa, es decir, en cómo implementar la estrategia (qué barrios, de qué forma, en qué tiempos, etc.) para lograr la mayor cobertura posible de la ciudadanía en condiciones de vulnerabilidad o pobreza multidimensional, sin incluir en el análisis los estratos 3 y 4 que sufren también un tipo de pobreza denominada como “pobreza vergonzante u oculta”, concentrado en estos estratos socioeconómicos, que en la ciudad superan los tres millones de habitantes, sin embargo, por ser un tema distinto y que contiene otros elementos de análisis será objeto de otra columna.

En ese entendido, considero que en distintos barrios de la ciudad de los estratos 0, 1 y 2 de las localidades de la ciudad no ha sido efectiva la entrega de ayudas humanitarias. En los casos que son de mi interés, por ejemplo, en la localidad de Santafé, según el portal bogotasolidariaencasa.gov.co se reportan que se han entregado 48.165 ayudas que corresponden  a: transferencias bancarias (1.209), mercados del distrito (5.927), bono (3.472), canasta alimentaria (3.652), mercados de la Cruz Roja Colombiana (1.802) y un número mayor que corresponde a comida caliente y refrigerios que asciende las 32.000 entregas. Como es evidente, estas cifras se aumentan con una ración de alimento diario para un habitante lo que disminuye la cobertura de la población atendida durante los 32 días de aislamiento preventivo obligatorio hasta la fecha.

De acuerdo con lo anterior y teniendo en cuenta los 130 mil habitantes de la localidad, 80 mil aproximadamente se concentran en los estratos 0, 1 y 2, los cuales pudieran conformar 25 mil hogares aproximadamente. Esto nos dejaría como resultado que: solo el 25% de los hogares en estrato, 0, 1 y 2 de la localidad están siendo plenamente cubiertos por las ayudas humanitarias en medio del COVID19, restando un amplio 75% de cobertura plena.

Ahora bien, sumemos a esta ecuación las raciones de alimentos calientes y refrigerios entregados en la localidad, la cual es dada a un solo habitante de la familia y no a todos los integrantes del hogar; lo que quiere decir que solo el 20% de la población local total está recibiendo algún tipo de ayuda humanitaria del Distrito o solo el 40% de los habitantes en condiciones de vulnerabilidad en la localidad están siendo atendidos por el programa #BogotáSolidariaEnCasa. Una situación que evidencia el drama que están viviendo miles de habitantes de la localidad de Santafé y del Distrito Capital. Esto desvirtúa de un tajo, el argumento esgrimido por la alcaldesa en la opinión pública de que las comunidades están protestando en las calles de la ciudad por motivaciones políticas y totalmente ajenas a una necesidad humanitaria.

Situación similar sucede en la localidad de La Candelaria, no obstante, la recién posesionada alcaldesa local ha logrado reaccionar prontamente y por lo menos los pobladores de la localidad no están protestando para recibir las ayudas humanitarias y han visto diligencia de su alcaldesa local para lograr la mayor cobertura en ayudas humanitarias para la población vulnerable.

Con estos datos, no quiero ser injusto en señalar a la administración de ineficiente o poco efectiva, lo que pretendo en realidad con esta columna es evidenciar que el rumbo tomado por la alcaldesa en términos de la estrategia #BogotaSolidariaEnCasa debería reorientarse o por lo menos fortalecer algunos aspectos para mejorar la efectividad en la entrega de ayudas humanitarias. Por ejemplo, debería la Administración, en cabeza de la Alcaldesa y el Secretario de Gobierno, fortalecer la comunicación con los líderes sociales, comunales, comunitarios y sectoriales de cada barrio de la ciudad y en articulación con estos, lograr una mayor cobertura en los territorios, Esto, que suena lógico y de sentido común, al parecer no está siendo una premisa en la implementación de la estrategia, toda vez que decenas de líderes sociales, sectoriales, comunales y comunitarios me han pedido que les ayude en la interlocución con las autoridades locales, especialmente en el caso de Santafé, La Candelaria, Bosa y Kennedy.

Por último, solo queda decir que el liderazgo, empatía y solidaridad de la alcaldesa debería dirigirse también a mejorar la efectividad en la entrega de las ayudas humanitarias y no sólo concentrase en la parte del tablero que indica los puntos de popularidad que ha ganado en el marco de la coyuntura del COVID19 de cara a las presidenciales de 2022.

  1. Soy un ciudadano que votó por el proyecto que representa Claudia López y por esa razón me siento en la necesidad de hacerle caer en cuenta de los desaciertos en los que pudiera estar cayendo su administración en medio de la coyuntura.

    *Director Localidad Santafé y Candelaria.